Un nuevo fármaco para el cáncer de páncreas de Revolution Medicines (NasdaqGS:RVMD) que casi duplica la supervivencia de los pacientes ha creado un gran dilema de inversión, elevando su valoración a casi 30.000 millones de dólares y haciendo que una adquisición por parte de un gigante farmacéutico, antes esperada, sea prohibitivamente cara. La píldora de la empresa, el daraxonrasib, podría ser uno de los fármacos contra el cáncer más importantes de una generación, obligando a los inversores a decidir si es el próximo objetivo de adquisición o el próximo gigante independiente de la industria.
«RevMed controla la biología de RAS de forma más exhaustiva que cualquier empresa con datos significativos», señala Will Sevush, estratega sanitario de Jefferies. Más allá de su fármaco principal, la empresa posee una cartera de programas específicos para mutaciones en cáncer de pulmón y colorrectal, con ensayos de combinación ya en marcha que podrían ampliar la franquicia durante años.
En un ensayo clínico de fase final, el daraxonrasib demostró una tasa de supervivencia media de 13,2 meses, una mejora significativa respecto a los 6,7 meses que se suelen observar con la quimioterapia estándar. El potencial del fármaco se destacó en un reciente episodio de «60 Minutes», donde el exsenador Ben Sasse, a quien le habían dado meses de vida, atribuyó al «fármaco milagroso» una reducción del 76 % en el volumen de su tumor.
Para Wall Street, la cuestión es el precio. Tras el fracaso de las conversaciones con Merck y AbbVie para una valoración de unos 30.000 millones de dólares, las acciones de Revolution han subido hasta ese nivel, lo que significa que un comprador ahora probablemente tendría que pagar más de 40.000 millones de dólares. Con una reciente oferta de acciones y notas convertibles de 2.000 millones de dólares, la empresa parece preparada para seguir en solitario, siguiendo el camino forjado por biotecnológicas como Vertex Pharmaceuticals y Regeneron, que crecieron demasiado para ser compradas.
La ciencia de un avance histórico
El fármaco de Revolution actúa sobre una proteína llamada RAS, una mutación que alimenta la mayoría de los tumores de páncreas y que durante mucho tiempo los científicos consideraron «intratable» debido a su superficie lisa. El daraxonrasib funciona como un pegamento molecular, uniéndose a una proteína independiente dentro de la célula para crear una superficie combinada que pueda atrapar e inhibir eficazmente la proteína RAS rebelde.
Este enfoque ha mostrado resultados prometedores más allá del cáncer de páncreas. La empresa ha comunicado datos preliminares alentadores de otro fármaco, el zoldonrasib, en el cáncer de pulmón con mutación KRAS G12D, lo que sugiere que la tecnología principal podría aplicarse a una amplia gama de tumores.
Una cura cara para las grandes farmacéuticas
Las grandes empresas farmacéuticas necesitan desesperadamente innovaciones como esta para compensar los casi 300.000 millones de dólares en ventas anuales que desaparecen debido a la expiración de patentes. Esto ha alimentado un frenesí de acuerdos, pero la escala de una adquisición de Revolution Medicines es desalentadora.
Merck, un comprador lógico que busca sustituir su éxito de ventas Keytruda (cuya patente está próxima a expirar), ya ha gastado unos 25.000 millones de dólares en adquisiciones en el último año, lo que limita su capacidad para otra megaoperación sin amenazar su calificación crediticia. Otros compradores potenciales como Johnson & Johnson y Eli Lilly han mostrado poco interés en acuerdos de esta magnitud. Aunque un competidor, Erasca, está desarrollando un fármaco similar, todavía faltan años para que suponga una amenaza significativa.
Para los inversores, Revolution Medicines parece ahora menos una simple jugada de adquisición y más una apuesta a largo plazo para que la empresa se convierta en una potencia farmacéutica autosuficiente. Aunque su ratio PER carece de sentido sin ingresos, las acciones cotizan aproximadamente un 24 % por debajo del objetivo medio de los analistas de 174 dólares, lo que sugiere que Wall Street cree que la ciencia vale ese alto precio.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.