El Pentágono Gira Hacia Drones de $35.000 Mientras Costos de Guerra Superan los $16.000 Millones
El Pentágono anunció un cambio estratégico significativo el 17 de marzo, revelando planes para producir en masa una versión estadounidense del letal dron suicida de Irán. El modelo estadounidense, denominado Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo (LUCAS), es una copia de ingeniería inversa del dron Shahed de Irán. Según Emil Michael, subsecretario de defensa para investigación e ingeniería, el dron ha "funcionando muy bien hasta ahora" en el Medio Oriente y ahora está listo para la producción a escala. La firma estadounidense Ghost Factory ya ha producido docenas de estos drones, que cuestan aproximadamente 35.000 dólares por unidad.
Este movimiento responde directamente a las severas presiones económicas del conflicto, que ha costado a EE. UU. un estimado de 16.000 millones de dólares desde que comenzó el 28 de febrero. Las fuerzas estadounidenses han perdido más de una docena de drones MQ-9 Reaper, valorados en aproximadamente 16 millones de dólares cada uno, por fuego iraní. La producción del dron Lucas de bajo costo tiene como objetivo corregir la táctica insostenible de usar misiles que cuestan hasta 2 millones de dólares para neutralizar drones iraníes que cuestan entre 2.000 y 50.000 dólares.
El Conflicto se Intensifica Sin un Fin a la Vista
El giro en la estrategia de drones se produce mientras la Casa Blanca señala un compromiso prolongado. El 17 de marzo, el presidente Trump declaró que Washington "no está listo para terminar" el conflicto con Irán, afirmando que el ejército del país ha sido "diezmado". La guerra, que ha visto ataques conjuntos de EE. UU. e Israel y represalias iraníes, ha matado a más de 2.000 personas y ha perturbado gravemente los mercados energéticos globales al estrangular el envío a través del estratégico Estrecho de Ormuz.
La intensidad del conflicto se destaca por los ataques exitosos contra la alta dirección iraní. Las fuerzas israelíes y estadounidenses confirmaron los asesinatos de Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij. La guerra también ha causado disensiones dentro de la administración estadounidense, lo que llevó a la renuncia pública del Director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, quien declaró que no podía "en buena conciencia" apoyar una guerra contra un país que, según él, no planteaba "ninguna amenaza inminente".