Se cierne el retraso de la cumbre mientras EE. UU. presiona a China por un punto de estrangulamiento petrolero global del 20%
La cumbre presidencial planeada entre EE. UU. y China, programada para el 31 de marzo, enfrenta un riesgo significativo de retraso, inyectando una nueva incertidumbre en las relaciones entre las dos economías más grandes del mundo. El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, declaró el 16 de marzo que cualquier aplazamiento sería por razones logísticas, lo que permitiría al presidente Trump permanecer en Washington para coordinar el esfuerzo de guerra en Irán. Esta explicación oficial tiene como objetivo separar el destino de la cumbre de las negociaciones comerciales en curso.
Sin embargo, el presidente Trump ofreció una justificación diferente, sugiriendo que el retraso podría usarse como palanca para obligar a China a ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz. La vía fluvial, que transporta aproximadamente el 20 % del suministro mundial de petróleo, ha sido en gran medida intransitable, lo que ha provocado un aumento vertiginoso de los precios mundiales del petróleo. Los comentarios de Trump vinculan públicamente el evento diplomático con la creciente crisis energética, contradiciendo la posición formal de su propia administración y ejerciendo presión directa sobre Pekín.
China busca la estabilidad a pesar de una dependencia del 13 % de las importaciones de petróleo iraní
A pesar de los mensajes contradictorios de Washington, Pekín ha mantenido que es “positivo y abierto” sobre la celebración de la cumbre. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, enfatizó que el diálogo directo es esencial para prevenir malentendidos y estabilizar la relación. Si bien el gobierno chino ha criticado la campaña militar de EE. UU. en Irán, parece decidido a mantener abiertos los canales diplomáticos para gestionar la frágil tregua comercial establecida el pasado octubre.
La postura pragmática de China se debe a graves vulnerabilidades económicas. Como el mayor importador mundial de petróleo crudo, la interrupción en el estrecho de Ormuz representa una amenaza directa para su seguridad energética y su crecimiento económico, que recientemente se fijó en un ritmo más lento del 4,5 % al 5 % en 2026. Solo Irán representa aproximadamente el 13 % de las importaciones de crudo de China, lo que convierte cualquier conflicto prolongado en un importante viento en contra económico que agrava las fricciones comerciales existentes con EE. UU.