El conflicto iraní consume misiles más rápido de lo que se producen
La confrontación militar de EE. UU. con Irán ha expuesto una vulnerabilidad crítica en la cadena de suministro de defensa occidental, ya que el gasto en misiles supera rápidamente el ritmo de producción. Desde que comenzó el conflicto, Irán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y 2.000 drones, lo que obligó a EE. UU. y sus aliados del Golfo a disparar cientos de costosos interceptores Patriot. Este aumento en el uso afecta directamente a Ucrania, que estima que necesita un mínimo de 60 interceptores PAC-3 al mes para defender sus ciudades e infraestructuras de la producción mensual de unos 80 misiles balísticos de Rusia. El actual agotamiento de las existencias aliadas se ha vuelto tan grave que, a pesar de las súplicas urgentes de Ucrania, los socios de la OTAN solo han podido prometer cinco interceptores adicionales.
La producción de Lockheed no satisfará la demanda hasta 2030
La base industrial de defensa está luchando para responder al repentino aumento de la demanda. Lockheed Martin, el fabricante del interceptor PAC-3 del Patriot, produjo poco más de 600 unidades para toda su producción estadounidense en 2025. Aunque la compañía está trabajando para expandir su capacidad, no espera alcanzar una tasa de producción anual de 2.000 interceptores hasta finales de 2030. Este lento aumento se atribuye a una cadena de suministro compleja y a una histórica reticencia de las empresas de defensa a invertir en nuevas líneas de producción sin contratos gubernamentales a largo plazo. Alemania, por ejemplo, encargó ocho nuevos sistemas Patriot a Raytheon en 2024 con un coste de aproximadamente 2.000 millones de euros cada uno, pero aún no ha recibido una fecha de entrega provisional, lo que subraya la arraigada crisis de producción.
La crisis de existencias señala un riesgo geopolítico más amplio
La escasez de interceptores es un fracaso estratégico que beneficia a Rusia e informa la doctrina militar de otros adversarios de EE. UU., incluidos China e Irán. Estas naciones están rastreando de cerca los gastos de municiones occidentales y adaptando sus estrategias para abrumar los sistemas defensivos limitados y de alto costo con drones y misiles más baratos y producidos en masa. Esta realidad está forzando un cambio doctrinal para el ejército estadounidense, priorizando los ataques a las capacidades de lanzamiento del enemigo —'disparar al arquero en lugar de a las flechas'— en lugar de depender únicamente de existencias defensivas finitas. Para los inversores, la crisis señala un viento de cola a largo plazo para contratistas de defensa como Lockheed Martin y Raytheon, pero también introduce una inestabilidad y un riesgo significativos para el mercado en general al revelar cuán vulnerable es la OTAN a un conflicto sostenido.