La FAA planea una reunión el 4 de marzo para discutir las reducciones en O'Hare
La Administración Federal de Aviación anunció el 27 de febrero que está considerando reducciones de vuelos en el Aeropuerto Internacional O'Hare de Chicago para frenar la creciente congestión. La agencia planea celebrar una reunión con las aerolíneas el 4 de marzo para discutir las posibles restricciones, que tienen como objetivo reducir los retrasos de vuelos y la sobreprogramación durante las horas pico. Esta intervención sigue a un período de intensa competencia por la supremacía en el principal centro entre sus dos mayores operadores, United Airlines y American Airlines.
United y American alimentan la congestión en el aeropuerto más concurrido de EE. UU.
El escrutinio de la FAA es un resultado directo de una agresiva batalla de capacidad entre United y American. Ambas aerolíneas han expandido significativamente sus horarios y están compitiendo por las puertas, llevando al aeropuerto a sus límites operativos. Esta expansión contribuyó a que O'Hare se convirtiera recientemente en el aeropuerto más concurrido de los Estados Unidos en función de los movimientos de aeronaves. La tensión resultante sobre los recursos del aeropuerto ha impulsado a los reguladores federales a intervenir para prevenir retrasos sistémicos durante la crítica temporada de viajes de verano.
El precedente de Newark señala un riesgo de ingresos para las aerolíneas
Los reguladores buscan evitar una repetición de las interrupciones operativas que asolaron el Aeropuerto Internacional Newark Liberty el verano pasado. En una reunión a puerta cerrada, los funcionarios de la FAA advirtieron a las aerolíneas que no querían una repetición de los problemas de Newark, donde la sobrecapacidad, la escasez de personal de control de tráfico aéreo y la tecnología obsoleta crearon un caos de viaje significativo, lo que finalmente obligó a la FAA a limitar la capacidad. Para United y American, cualquier reducción forzada de vuelos en su centro de O'Hare durante los lucrativos meses de verano podría limitar directamente los ingresos y la rentabilidad, planteando un riesgo tangible para los inversores.