Las probabilidades de subida de tasas para junio suben al 60% a medida que los halcones del BCE se posicionan
El aumento de los precios de la energía, derivado del conflicto en Oriente Medio, está forzando un giro de línea dura en el Banco Central Europeo, y los mercados ahora valoran una probabilidad del 60% de una subida de las tasas de interés para junio. Peter Kazimir, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, afirmó que una subida de tasas "podría estar más cerca de lo que muchos piensan", añadiendo que las discusiones sobre futuras bajadas de tasas están ahora "completamente descartadas". Este sentimiento ha llevado a los operadores a apostar por un 35% de posibilidades de una subida adicional antes de fin de año. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, reforzó esta postura más estricta, prometiendo "tomar todas las medidas necesarias" para garantizar que la inflación se mantenga bajo control.
Los comentarios de Kazimir fueron particularmente contundentes, ya que argumentó que la evaluación del riesgo de inflación del BCE se ha inclinado "claramente al alza" y que no tendría "reservas sobre la subida de las tasas de interés sin nuevas previsiones". Esto señala una disposición a actuar de manera preventiva, una desviación significativa de la postura reciente del banco. Aunque se espera que el BCE mantenga las tasas estables en su reunión de la próxima semana, es probable que presente varios escenarios de crecimiento e inflación basados en la duración del conflicto.
El Consejo sigue dividido sobre la acción inmediata
A pesar de la creciente retórica de línea dura, el Consejo de Gobierno del BCE no ha formado un frente unido. Varios responsables políticos clave están pidiendo cautela, creando una clara división sobre el camino a seguir. Joachim Nagel, presidente del Bundesbank alemán, si bien advirtió que el banco actuaría con decisión si la inflación se propagaba, también expresó su apoyo a una "estrategia de esperar y ver", señalando que la situación es demasiado volátil para una evaluación fiable a largo plazo.
Esta llamada a la paciencia fue secundada por otros. El gobernador del banco central francés, Francois Villeroy de Galhau, declaró claramente: "Tal como están las cosas, no creo que debamos subir las tasas ahora". El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, aconsejó a los funcionarios que "necesitan mantener la calma y no reaccionar de forma exagerada", mientras que el miembro de la Junta Ejecutiva Piero Cipollone calificó de "demasiado pronto para evaluar el impacto" de la guerra. Este desacuerdo interno sugiere que cualquier decisión de subir las tasas se enfrentará a un debate considerable.
Los recuerdos del shock inflacionario de 2022 impulsan la urgencia
La mayor alerta de los funcionarios del BCE se debe a las dolorosas lecciones de la crisis energética de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. En ese momento, el banco central inicialmente desestimó el aumento de la inflación como algo temporal, solo para verse obligado a una serie de subidas de tasas agresivas y tardías. Kazimir advirtió que las empresas, recordando la inflación reciente, "trasladarán sus costos a los consumidores más rápido que en 2022", y los trabajadores exigirán aumentos salariales más rápidamente. Esta dinámica podría afianzar expectativas de inflación más altas, una preocupación clave para el banco central.
Esta renovada amenaza ha puesto fin efectivamente a cualquier debate sobre la caída de la inflación por debajo del objetivo del BCE. Según Nagel, la actual turbulencia geopolítica "muy probablemente ha puesto fin a la reciente discusión sobre que la inflación está por debajo del objetivo". Los funcionarios ahora se centran en evitar que una segunda ola de inflación impulsada por los costos se arraigue en la economía de la eurozona, un desafío agravado por las frágiles posiciones fiscales de varios estados miembros.