Los precios del combustible al por menor subirán 695 yuanes/tonelada el 9 de marzo
Los precios del combustible doméstico en China están a punto de experimentar su mayor aumento en casi dos años. Según los cálculos de Zhuochuang Information, a las 24:00 del 9 de marzo, el precio minorista de la gasolina se elevará en 695 yuanes por tonelada y el diésel en 670 yuanes por tonelada. Esto se traduce en un aumento por litro de 0,55 yuanes para la gasolina 92#, 0,58 yuanes para la gasolina 95# y 0,57 yuanes para el diésel 0#. El ajuste marca la subida de precio única más sustancial desde la implementada el 17 de marzo de 2022, señalando una transferencia significativa de los costes energéticos globales a los consumidores y empresas chinos.
El crudo internacional impulsa un aumento del 15,12% en la tasa de referencia
La subida de precios es una consecuencia directa del aumento vertiginoso de los precios internacionales del petróleo crudo. Las crecientes tensiones geopolíticas han intensificado las preocupaciones del mercado, empujando los precios de referencia mundiales del petróleo constantemente al alza. Esta volatilidad hizo que la tasa de cambio del petróleo crudo de referencia nacional de China, una métrica clave para el mecanismo de fijación de precios, subiera un 15,12% al cierre del mercado el 6 de marzo. El ciclo de precios actual, que va del 24 de febrero al 9 de marzo, vio cómo la tasa aumentaba constantemente después de una breve caída, lo que obligó a los reguladores a aplicar un ajuste al alza sustancial para alinearse con los movimientos del mercado global.
La subida amenaza con acelerar las presiones inflacionarias
Este fuerte aumento en los costes del combustible está a punto de repercutir en la economía china, elevando los gastos operativos para sectores clave como el transporte, la logística y la manufactura. Es probable que los costes adicionales para el transporte de mercancías y la producción industrial se traduzcan en precios al consumidor más altos, lo que podría acelerar una inflación más amplia. Para los hogares, el coste directo del transporte aumentará, lo que podría amortiguar el gasto del consumidor en otros bienes y servicios. Este desarrollo plantea un desafío para los formuladores de políticas que intentan equilibrar la estabilidad económica con las realidades de los precios de la energía.