Economistas ven 60% de probabilidad de subida de tasas del BoJ al 1.00% para junio
Las expectativas del mercado se están consolidando en torno a un cambio significativo en la política del Banco de Japón en el próximo trimestre. Según una encuesta de Reuters realizada del 2 al 9 de marzo, una gran mayoría de economistas —60% de los 62 encuestados— pronostica que el BoJ elevará su tasa de interés clave del 0.75% al 1.00% para finales de junio de 2026. Aunque los 64 economistas encuestados esperan que el banco mantenga las tasas estables en su próxima reunión del 19 de marzo, la presión para un alza posterior está aumentando.
Esta perspectiva restrictiva, que DBS Bank señaló el 12 de marzo como la más pronunciada en décadas, prepara el terreno para un yen más fuerte y una posible caída en el par de divisas USD/JPY. El endurecimiento anticipado marca un momento crucial para un banco central que ha mantenido durante mucho tiempo una política monetaria ultralaxa, obligando a los inversores a reevaluar su exposición a los activos denominados en yenes.
Yen débil y petróleo a 110 dólares intensifican la presión inflacionaria
La mano del banco central se ve forzada por una combinación de debilidad monetaria y choques de precios externos. El yen japonés se ha depreciado más del 6% frente al dólar estadounidense en los últimos seis meses, aumentando el coste de las importaciones. Este efecto se magnifica por el repunte de los precios mundiales del petróleo, que superan los 110 dólares por barril, una consecuencia directa de la escalada del conflicto en Oriente Medio. Para una nación que depende en gran medida de las importaciones de energía como Japón, esta combinación representa una amenaza directa para la estabilidad de precios.
El BoJ se enfrenta a un difícil equilibrio. La inflación ya ha superado su objetivo del 2% durante casi cuatro años, lo que dificulta ignorar las crecientes presiones de los precios. Sin embargo, el Instituto de Investigación Nomura estima que los precios sostenidos del petróleo en 110 dólares podrían reducir el crecimiento del PIB de Japón en 0.39 puntos porcentuales. Esta dinámica sitúa al BoJ en una posición precaria, equilibrando la necesidad de controlar la inflación con el riesgo de asfixiar una frágil recuperación económica.