El yen japonés subió hasta un 3 por ciento frente al dólar el jueves, su mayor ganancia en un solo día en más de tres años, después de que el gobierno supuestamente interviniera para apuntalar la moneda en medio de una combinación tóxica de aumento de los precios del petróleo y estrés financiero interno.
La medida se produjo pocas horas después de que un alto funcionario diera una "advertencia final de evacuación a los mercados". Cuando se le preguntó si la intervención era inminente, el principal diplomático de divisas Atsushi Mimura dijo a los periodistas: "Creo que los operadores del mercado sabrán a qué me refiero".
El dólar cayó a un mínimo de 155,50 yenes, bajando drásticamente desde un máximo por encima de 160 a primera hora del día, después de que el Nikkei informara que el Banco de Japón había llevado a cabo operaciones de compra de yenes. La caída del yen se ha visto exacerbada por un aumento de los precios del crudo Brent a más de 110 dólares por barril, lo que ha llevado la correlación entre la moneda y el petróleo a su nivel más alto desde 2021, según un informe de Bloomberg. Como nación que importa aproximadamente el 95 por ciento de su petróleo, la debilidad del yen infla directamente la factura energética y el déficit comercial del país.
La intervención pone de manifiesto el grave aprieto en el que se encuentran los responsables de la política económica japonesa. Actualmente batallan contra un ciclo de retroalimentación donde un yen débil eleva los costes de importación, empujando la inflación y los rendimientos de los bonos al alza, lo que a su vez no logra apoyar a la moneda debido a la amplia brecha de tipos de interés con los EE. UU. Esta dinámica ha empujado a Japón a una fase de alto riesgo, con economistas advirtiendo de una creciente amenaza de estanflación, donde el crecimiento se estanca mientras la inflación persiste.
Una tormenta perfecta: el yen, los bonos y el petróleo chocan
Japón está lidiando con lo que un analista calificó de "tormenta financiera perfecta" mientras convergen tres presiones distintas. La debilidad crónica del yen, impulsada por el hecho de que el Banco de Japón mantiene los tipos de interés ultrabajos mientras la Reserva Federal de los EE. UU. los mantiene altos, es el factor principal. Esto ha convertido al yen en objetivo de las operaciones de carry trade, en las que los inversores piden prestado en una moneda de bajo rendimiento para invertir en una de mayor rendimiento.
A esto se suma una liquidación en el mercado de bonos nacional. Los rendimientos de los bonos del gobierno japonés a 10 años han subido a sus niveles más altos desde finales de la década de 1990. Esto indica que los mercados están empezando a cuestionar el equilibrio de baja inflación y bajo rendimiento que el país mantiene desde hace tiempo, lo que aumenta los costes de endeudamiento para un gobierno con una de las ratios deuda/PIB más altas del mundo.
El elemento final es el choque externo de los precios de la energía. La escalada de las tensiones en Oriente Medio ha impulsado el petróleo por encima de los 110 dólares por barril, un duro golpe para la economía dependiente de las importaciones. El yen débil magnifica este choque, alimentando directamente los mayores costes para las empresas y erosionando el poder adquisitivo de los hogares.
El dilema de la política del Banco de Japón
La intervención gana tiempo pero no resuelve el problema fundamental del Banco de Japón. El banco central está atrapado en uno de sus dilemas de política más difíciles en décadas. Aunque ha mantenido estable su tipo de interés oficial cerca de cero, también ha rebajado recientemente sus proyecciones de crecimiento al tiempo que ha elevado sus perspectivas de inflación.
Subir los tipos de interés sería la herramienta convencional para defender la moneda y combatir la inflación. Sin embargo, tal medida podría ahogar una frágil recuperación económica y desestabilizar aún más el mercado de bonos. Por el contrario, mantener la actual postura acomodaticia corre el riesgo de permitir que el yen caiga más y que la inflación impulsada por las importaciones se afiance. Los participantes en el mercado siguen apostando contra el yen, lo que sugiere que sin un cambio fundamental en la política monetaria, nuevas intervenciones pueden tener efectos limitados a corto plazo.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.