Los argumentos de Kevin Warsh a favor de los recortes de tipos se enfrentan a una audiencia escéptica en la Reserva Federal, que ve pocos paralelismos entre la economía actual y el auge tecnológico de los años noventa.
El nominado a la Reserva Federal, Kevin Warsh, aboga por recortes preventivos de los tipos de interés, argumentando que el inminente auge de la inteligencia artificial frenará la inflación, una postura que se topa con un considerable escepticismo por parte de sus potenciales futuros colegas. El argumento enfrenta una visión tecnológica prospectiva con el actual enfoque de la Fed dependiente de los datos, que ha mantenido el tipo de los fondos federales en un rango del 5,25% al 5,50% desde julio de 2023.
"El precedente de Greenspan de la década de 1990 es una analogía poderosa, pero incompleta", afirmó Michael Feroli, economista jefe para EE. UU. de J.P. Morgan, en una nota reciente. "Si bien un aumento de la productividad podría ser desinflacionista, el punto de partida de una inflación del 4% y una tasa de desempleo del 3,8% presenta un equilibrio mucho más complejo que el que enfrentó Greenspan".
El caso de Warsh se apoya en la historia de finales de los 90, cuando el entonces presidente de la Fed, Alan Greenspan, retrasó la subida de tipos, apostando correctamente a que un auge de la productividad impulsado por la tecnología permitiría que la economía creciera más rápido sin avivar las presiones sobre los precios. El S&P 500 subió más del 25% en 1997, mientras que la inflación subyacente se mantuvo por debajo del 2,5%. Por el contrario, el mercado actual solo descuenta dos recortes de tipos en 2026, con los rendimientos del Tesoro a 2 años rondando el 4,75%, lo que refleja la cautela ante la persistencia de la inflación.
El núcleo del debate es si el impacto de la IA será lo suficientemente potente como para contrarrestar las fuerzas inflacionistas actuales, una pregunta que podría definir la próxima era de la política monetaria. Un giro prematuro hacia la flexibilización podría suponer el riesgo de reactivar la inflación, mientras que esperar demasiado podría sofocar una expansión liderada por la productividad antes de que se materialice por completo.
Un panorama económico diferente
Los escépticos de la visión de Warsh dentro de la Fed señalan diferencias fundamentales entre el entorno económico actual y el de hace 30 años. La década de 1990 comenzó con un mayor desempleo y una menor inflación, lo que dio a la Fed más margen para esperar y ver qué pasaba. Hoy ocurre lo contrario: el mercado laboral está históricamente ajustado y la inflación, aunque está bajando, sigue estando muy por encima del objetivo del 2% de la Fed. A los funcionarios les preocupa que añadir estímulos ahora pueda sobrecalentar la economía.
Warsh, exgobernador de la Fed, ha replicado que reducir el balance de 7,5 billones de dólares del banco central es en sí mismo una forma de endurecimiento monetario. Ha sugerido que una reducción de 1 billón de dólares en el balance podría equivaler a una subida de tipos de hasta 50 puntos básicos, lo que crearía margen para recortar el tipo de interés oficial principal para mantener la postura general de la política neutral.
El camino a seguir
El debate pone de relieve una coyuntura crítica para el banco central. Los datos de productividad e inflación de los próximos meses serán cruciales para determinar si se impone la visión de Warsh o la cautela imperante. La próxima decisión de política de la Fed está programada para junio, y los funcionarios buscan pruebas más concluyentes de que la inflación se encuentra en una senda sostenible hacia su objetivo. Por ahora, el mercado sigue sin estar convencido de que un milagro de productividad de la IA sea lo suficientemente inminente como para justificar un cambio significativo en la política.
Este artículo tiene fines puramente informativos y no constituye asesoramiento de inversión.