El banco central de Turquía liquidó 118 toneladas de sus reservas de oro en dos semanas, una disposición histórica valorada en casi 20.000 millones de dólares destinada a apuntalar las finanzas de la nación mientras la guerra en Irán dispara los precios de la energía.
Las tenencias de oro del banco central cayeron 69,1 toneladas en una sola semana, lo que supone la mayor reducción semanal registrada desde al menos 2013, según datos comunicados por Reuters. Tres fuentes bancarias estimaron que 26 toneladas se vendieron directamente, mientras que otras 42 toneladas se utilizaron en operaciones de swap.
La reducción de dos semanas, que incluyó una venta previa de 49,3 toneladas, representa aproximadamente el 15% de todas las existencias de oro del país. Esta acción revierte una tendencia de una década en la que Turquía se situó como uno de los compradores más agresivos de metal precioso del mundo, equivalente a su acumulación total en los últimos seis años.
Las ventas son una respuesta directa al aumento de los costes energéticos globales y al incremento de la demanda de divisas, que han presionado severamente a la lira turca. El banco central está utilizando sus reservas de oro, una parte significativa de las cuales se almacena convenientemente en el Banco de Inglaterra, para defender la moneda y gestionar los pagos de importación sin causar retrasos logísticos.
Una parte sustancial del despliegue de reservas se gestionó mediante swaps de oro, una maniobra financiera que funciona más como un préstamo a corto plazo que como una venta directa. En un swap, el banco central intercambia su oro por divisas, normalmente dólares estadounidenses, con el acuerdo de recomprar el oro en una fecha posterior a un precio ligeramente superior. Esto permite a Turquía obtener liquidez inmediata manteniendo su posición de oro a largo plazo.
Los analistas sugieren que esta estrategia ofrece varias ventajas. Evita un choque repentino en el mercado del oro que una venta directa de esta magnitud podría desencadenar, lo que devaluaría las reservas restantes de Turquía. También proporciona un colchón político, ya que una venta directa de las reservas nacionales de oro —un símbolo de estabilidad para muchos turcos— podría provocar alarma pública.
La medida llega mientras Turquía se enfrenta a una doble crisis: defender la lira y financiar una factura de importación de energía cada vez más abultada. La guerra en Irán ha exacerbado la volatilidad del mercado, haciendo que la estrategia de "desinflación" del banco central, que depende de una moneda estable, sea cada vez más difícil de sostener.
En respuesta a las preguntas sobre la brusca caída de las reservas, el gobernador del Banco Central, Fatih Karahan, describió las acciones como una gestión "activa, flexible y controlada" de las reservas del país. En declaraciones a la agencia estatal de noticias Anadolu, enmarcó las ventas como un ajuste táctico dentro de su marco político existente, no como una reacción impulsada por la crisis.
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