La conversación en Wall Street ha girado bruscamente: ya no se trata de cuántas veces recortará los tipos la Reserva Federal, sino de si se verá obligada a subirlos, después de que la inflación de abril se acelerara hasta un ritmo interanual del 3,8%. Los mercados de predicción han elevado la probabilidad de una subida de tipos antes de 2027 al 27%, un giro significativo respecto a los múltiples recortes previstos hace apenas unos meses.
"Sobre una nueva ronda de subidas de tipos, es probable que la discusión esté a punto de comenzar", afirmó Lindsey Piegza, economista jefa de Stifel, tras la publicación de los datos de precios al por mayor. "Lo más preocupante es que el informe de esta mañana sugiere que lo peor del choque aún no se ha visto".
La renovada presión inflacionista proviene de un aumento del 3,8% en los precios de la energía solo en abril, lo que supuso alrededor del 40% del incremento del índice de precios al consumo, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Esto ha llevado a que los contratos vinculados a futuras decisiones de política monetaria descuenten una subida de 24 puntos básicos para la reunión de junio de 2027. El cambio es drástico: hace un mes, los mercados de predicción de Kalshi implicaban solo un 18,2% de probabilidad de una subida de tipos en 2026.
La Fed se encuentra ahora atrapada entre el riesgo de una reacceleración de la inflación y el peligro de sofocar el crecimiento económico con mayores costes de endeudamiento. Con las tensiones geopolíticas en Oriente Medio amenazando con mantener elevados los precios de la energía, la capacidad del banco central para controlar la inflación a través de la política tradicional de demanda es limitada, lo que deja los recortes de tipos fuera de la mesa para el futuro previsible.
El impuesto energético
El principal motor de esta sorpresa inflacionista es el sector energético. El aumento de los costes de la gasolina, el diésel y la electricidad actúa como un impuesto sobre toda la economía, incrementando los gastos de transporte, fabricación y distribución. Estos choques por el lado de la oferta, derivados en gran medida del conflicto con Irán y su impacto en las rutas de navegación, son difíciles de contrarrestar para la Reserva Federal. La política monetaria puede enfriar la demanda, pero no puede producir más petróleo ni asegurar los pasos comerciales internacionales.
Un reajuste alcista (Hawkish)
La reacción del mercado ha sido rápida y decisiva. Más allá de las probabilidades de los mercados de predicción, los contratos vinculados al tipo de interés de la Fed reflejan ahora una posibilidad real de endurecimiento. Este reajuste refleja una creciente preocupación de que la Fed haya vuelto a subestimar la persistencia de la inflación. Aunque el tipo de los fondos federales se ha mantenido sin cambios durante varias reuniones, la paciencia predicada por los responsables de la política monetaria podría verse ahora puesta a prueba por una nueva oleada de presiones sobre los precios. La atención se desplaza ahora a las próximas declaraciones de la Fed, y los operadores estarán atentos a cualquier eliminación del lenguaje que indique una inclinación hacia la flexibilización.
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