Una nueva demanda colectiva acusa a Bowlero Corp., el operador de boliche más grande del mundo con más de 350 centros, de crear un monopolio ilegal que ha triplicado los precios y degradado el deporte para millones de consumidores. La demanda, presentada en un tribunal federal de Washington por 11 ávidos jugadores de todo el país, alega que la empresa violó las leyes antimonopolio Sherman y Clayton.
"Este tribunal tiene el poder de preservar la tradición centenaria de operar centros de boliche en este país como una línea de negocio justa y honesta", señala la denuncia, argumentando a favor de una experiencia que brinde a "todos los estadounidenses, independientemente de su edad o nivel socioeconómico, la oportunidad de reunirse y participar en un pasatiempo nacional a precios justos".
La demanda alega que la estrategia de adquisición de Bowlero le otorgó el control de hasta el 95 por ciento de las pistas en algunos mercados locales, lo que generó aumentos significativos de precios; un demandante citó un cargo de casi 400 dólares por una salida familiar. Las acciones de la compañía (NYSE: BOWL) han caído un 15 por ciento este año en medio de preocupaciones más amplias sobre el gasto discrecional de los consumidores.
Lo que está en juego es la estructura de la industria del boliche en los EE. UU. Los demandantes solicitan al tribunal que obligue a Bowlero a deshacer sus adquisiciones de centros de boliche y de la Asociación de Profesionales del Boliche (PBA), y que bloquee cualquier consolidación futura, una medida que podría alterar fundamentalmente el modelo de crecimiento de la empresa.
El "Starbucks del Boliche"
La denuncia sostiene que Bowlero, respaldada por capital privado, vio el mercado fragmentado de las boleras independientes como "maduro para la consolidación". Un antiguo director financiero de la empresa manifestó el deseo de convertirse en el "Starbucks" del boliche. Esta estrategia incluyó la adquisición de la PBA, que según la demanda, Bowlero utilizó como un "infomercial" para promocionar su marca durante los torneos televisados.
La demanda alega además que Bowlero utilizó su escala para asegurar acuerdos preferenciales con proveedores clave, creando una desventaja para los competidores independientes más pequeños.
Preocupaciones sobre precios y calidad
Una vez con el control de los mercados locales, Bowlero supuestamente empleó "precios dinámicos algorítmicos" para maximizar los ingresos, particularmente los fines de semana. Un ejemplo de una ubicación en Seattle citó un costo de 284 dólares por dos horas de juego. Recientemente, la empresa elogió nuevas "iniciativas de IA" en la fijación de precios durante una conferencia de resultados.
Estos aumentos de precios fueron acompañados por una disminución en la calidad, según los demandantes. La demanda describe ubicaciones con poco personal, instalaciones sucias, pistas mal mantenidas y el reemplazo de los pinos tradicionales por "pinos de cuerda". Benjamin Doehr, un demandante de Seattle, señaló que los eventos de la liga a menudo se cancelaban a favor de fiestas corporativas más lucrativas.
Desafío legal y negación
La demanda fue presentada por Simonsen Sussman, una firma fundada por antiguos funcionarios de la Comisión Federal de Comercio. Los demandantes buscan daños monetarios no especificados y un juicio por jurado.
Un portavoz de Bowlero, que recientemente cambió su nombre a Lucky Strike Entertainment, negó las acusaciones, calificando la demanda como un "intento sin mérito de una firma de abogados de demandantes recién creada para generar titulares". La compañía afirmó que tiene una "pequeña participación en un mercado con miles de operadores de boliche" y planea defenderse en el caso.
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