El Banco de Japón se dispone a mantener su tipo de interés oficial en el 0,75%, pero todas las miradas están puestas en las orientaciones futuras ante una posible subida de tipos en verano, a medida que aumentan las presiones inflacionistas.
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El Banco de Japón se dispone a mantener su tipo de interés oficial en el 0,75%, pero todas las miradas están puestas en las orientaciones futuras ante una posible subida de tipos en verano, a medida que aumentan las presiones inflacionistas.

Se espera ampliamente que el Banco de Japón mantenga su tipo de interés de referencia en el 0,75% durante su reunión del 27 y 28 de abril, pero un giro alcista (hawkish) en sus orientaciones podría señalar una subida de tipos ya en junio, lo que alimentaría la volatilidad del yen.
"El mercado está centrado en cualquier orientación futura sobre el endurecimiento de la política monetaria", señaló un analista de Commerzbank, reflejando la opinión de consenso.
El aumento de los costes energéticos, impulsado por las tensiones geopolíticas y la debilidad del yen, ha mantenido la inflación por encima del objetivo del 2% del Banco de Japón durante casi cuatro años. Una encuesta reciente de Reuters muestra que casi dos tercios de los economistas esperan que el tipo de interés de referencia de Japón alcance el 1,0% a finales de junio, descontando un ciclo de endurecimiento más agresivo de lo previsto anteriormente.
Una señal alcista del gobernador Kazuo Ueda podría desencadenar un desmantelamiento significativo de los carry trades, provocando una fuerte apreciación del yen y afectando a los principales pares de divisas como el USD/JPY y el AUD/JPY. Por el contrario, si se mantiene una postura bajista (dovish), el yen podría depreciarse aún más, exacerbando la inflación importada.
La postura cautelosa del Banco de Japón se produce mientras el país lidia con las presiones duales de una moneda persistentemente débil y el aumento de los costes de importación. El conflicto en curso en Oriente Medio ha perturbado los mercados energéticos y, dada la gran dependencia de Japón del petróleo importado, la economía es particularmente vulnerable a las crisis de precios.
Estas presiones externas están agravando la preocupación por la inflación interna. Las empresas repercuten cada vez más el aumento de los gastos a los consumidores, una tendencia que podría dar lugar a "efectos de segunda vuelta" en los que las subidas de precios se consolidan en la economía general. Aunque el BOJ ha declarado que aún no ve una espiral salarios-precios en toda regla, algunos miembros de la junta han instado a la vigilancia, advirtiendo que retrasar la acción podría obligar a subidas de tipos más agresivas más adelante.
También se espera que el banco central actualice sus perspectivas trimestrales, reduciendo probablemente las proyecciones de crecimiento económico para el año fiscal 2026 y elevando su previsión de inflación. Este ajuste subrayaría el dilema político al que se enfrenta el Banco de Japón: cómo apoyar una recuperación económica frágil y al mismo tiempo domar la inflación persistente.
Este artículo tiene fines meramente informativos y no constituye asesoramiento de inversión.