Megan Greene, responsable de fijar los tipos del Banco de Inglaterra, señaló el martes que el banco central no tiene prisa por subir su tipo de interés de referencia, argumentando que aún no se dispone de pruebas definitivas de presiones inflacionistas sostenidas a pesar del aumento de los costes de la energía.
"Son los efectos de segunda ronda los que son realmente difíciles, y ahí es donde se la juega para mí", dijo Greene, miembro del Comité de Política Monetaria, en un evento organizado por el Atlantic Council.
Sus comentarios indican que, si bien una subida de tipos sigue siendo una posibilidad, el listón para tal medida es alto. El BoE dejó su tipo de interés principal sin cambios el mes pasado, y su próxima decisión de política está programada para el 30 de abril. Las declaraciones de Greene sugieren que es poco probable que vote a favor de una subida este mes, lo que enfría las expectativas de algunos inversores que anticipaban una respuesta rápida a la reciente volatilidad de los precios de la energía.
El núcleo del argumento de Greene es la distinción entre un choque de precios primario y sus repercusiones secundarias. Aunque la subida de los precios de la energía es una preocupación, ella se centra en si estos desencadenan un ciclo autoperpetuado de mayores exigencias salariales y posteriores aumentos de precios por parte de las empresas. Aunque señaló "razones para preocuparse" por estos efectos, especialmente dada la experiencia de los trabajadores con la caída de los salarios reales en 2022, contrastó la situación actual con el pasado.
Por qué es importante: un BoE más paciente
Los comentarios de Greene dibujan la imagen de un banco central dispuesto a tolerar un aumento temporal de la inflación impulsada por la energía, siempre que no se consolide en la fijación de precios internos. Señaló dos diferencias clave respecto a 2022: más holgura en el mercado laboral del Reino Unido y una demanda general más débil. Estos factores, argumentó, podrían impedir que las empresas trasladen con éxito los mayores costes salariales a los consumidores, rompiendo así la espiral de salarios y precios.
Este enfoque de "esperar y ver" podría conducir a la estabilidad a corto plazo o incluso a una ligera debilidad de la libra esterlina (GBP), ya que los mercados de divisas descartan la probabilidad de una subida de tipos en abril. Del mismo modo, los rendimientos de los bonos del gobierno del Reino Unido podrían relajarse a medida que los inversores se ajustan a un calendario de política monetaria más paciente.
Entre líneas
Al enfatizar la necesidad de "pruebas definitivas", Greene está gestionando las expectativas del mercado y subrayando la naturaleza dependiente de los datos de las futuras decisiones del BoE. Mientras que algunos inversores han estado apostando por una respuesta agresiva (hawkish) a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio que han hecho subir los precios de la energía, la postura de Greene está más alineada con un enfoque cauteloso y analítico. Su atención al mercado laboral y a la demanda de los consumidores como los árbitros definitivos de la inflación sugiere que los próximos datos de empleo y ventas minoristas serán aportaciones críticas para la decisión del BoE de mayo y en adelante.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.