El Kremlin cita 26 ataques con drones en su llamamiento a Turquía
El 25 de marzo, Rusia intensificó la presión diplomática sobre Turquía, instándola a usar su influencia sobre Ucrania para prevenir ataques a la infraestructura crítica de gas natural. El secretario de prensa del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que el riesgo de ataques contra los gasoductos TurkStream y Blue Stream estaba aumentando, lo que llevó a Rusia a comunicar formalmente sus preocupaciones a los funcionarios turcos. Peskov expresó confianza en que Turquía podría prevenir lo que él denominó "tales acciones imprudentes".
El llamamiento sigue a una serie de presuntos ataques reportados por el gigante energético estatal ruso Gazprom. Entre el 17 y el 19 de marzo, la compañía afirmó que su infraestructura fue atacada por 26 drones ucranianos. Los ataques se habrían centrado en tres estaciones de compresión vitales para las exportaciones: la estación de Russkaya (22 UAV), la estación de Kazachya (tres UAV) y la estación de Beregovaya (un UAV). Gazprom afirmó que todos los drones fueron repelidos y que sus instalaciones no sufrieron daños.
La amenaza del gasoducto añade presión a los mercados de gas europeos en tensión
Los gasoductos TurkStream y Blue Stream representan las últimas rutas significativas de exportación de gas de Rusia a Europa, atravesando el Mar Negro hasta Turquía. Desde allí, el gas se suministra a varios países europeos, incluidos Hungría, Eslovaquia y Serbia. Cualquier interrupción exitosa tendría consecuencias inmediatas para el suministro de energía en el sudeste de Europa y probablemente provocaría picos de precios en todo el continente.
Esta última escalada introduce una nueva inestabilidad en los mercados energéticos globales, que ya están bajo tensión por los altos precios y los conflictos geopolíticos. Peskov advirtió que los ataques ucranianos amenazan las "rutas energéticas internacionales" en un momento de "desestabilización extrema". Si bien el ejército ruso está trabajando para contrarrestar la amenaza, el llamamiento público a Turquía señala una nueva fase en el conflicto sobre la infraestructura energética, colocando a un miembro clave de la OTAN en el centro de la disputa.