El RBNZ se prepara para subidas mientras los precios del petróleo se disparan más del 50%
El Banco de la Reserva de Nueva Zelanda (RBNZ) declaró explícitamente el 23 de marzo de 2026 que está preparado para subir los tipos de interés si el aumento de los precios mundiales del petróleo conduce a una inflación interna sostenida. Esta señal de política restrictiva es una respuesta directa a las consecuencias económicas de la guerra de Irán, que ha elevado los precios de referencia del petróleo por encima de los 110 dólares el barril. La perspectiva de unos costes de endeudamiento más elevados se espera que fortalezca el dólar neozelandés (NZD), al tiempo que supone un viento en contra significativo para los mercados de renta variable y vivienda del país.
La guerra detiene el 20% del suministro mundial de petróleo, desencadenando un shock inflacionario
La medida del RBNZ se basa en una grave interrupción energética global, que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calificado como la peor de la historia. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz ha detenido el flujo del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo. Este shock de suministro ha provocado que los precios de referencia mundiales del petróleo aumenten más del 50% desde que comenzó el conflicto, desencadenando aumentos de precios para todo, desde el combustible hasta los fertilizantes, y amenazando la seguridad alimentaria mundial. La crisis ha retirado un estimado de 400 millones de barriles del mercado, creando una ola inflacionaria que los bancos centrales ya no pueden ignorar.
Australia y Singapur señalan una política más restrictiva
Nueva Zelanda no actúa de forma aislada. En toda la región, los bancos centrales están recalibrando sus estrategias para contrarrestar la misma amenaza inflacionaria. El Banco de la Reserva de Australia (RBA) elevó recientemente su tipo de caja en 0,25 puntos básicos hasta el 4,1%, citando el riesgo de que el conflicto pudiera empeorar la inflación interna. De manera similar, la Autoridad Monetaria de Singapur (MAS) anunció que actualizará sus perspectivas de inflación en abril, y los economistas esperan en general un ajuste de la política para enfriar el aumento de los costes de importación. Este giro sincronizado, aunque no coordinado, subraya el impacto económico generalizado de la crisis energética.