El conflicto en Medio Oriente eleva el gas europeo a 61,58 €/MWh
La turbulencia geopolítica en Medio Oriente ha provocado un nuevo choque en los precios de la energía en Europa, justo cuando el sector industrial de la región mostraba signos de recuperación. El contrato de referencia holandés de gas natural TTF subió un 3,9 % hasta los 61,58 euros el megavatio-hora, lo que representa un aumento de más del 90 % este mes. La presión sobre los precios se debe a los ataques militares a la infraestructura energética y a las interrupciones del transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz. A pesar del fuerte aumento, los analistas señalan que no se trata de una repetición de la crisis energética de 2022, cuando los precios se dispararon por encima de los 300 €/MWh tras la invasión rusa de Ucrania. Esta vez, el impacto se centra más en el petróleo, y las industrias europeas se han vuelto más resilientes. Desde 2022, las empresas han invertido en procesos de eficiencia energética y han asegurado más contratos de suministro a largo plazo. Además, las fuentes de energía renovable representaron casi el 50 % del consumo de electricidad en la UE en 2024, lo que proporciona un mayor amortiguador contra la volatilidad de los combustibles fósiles.
La confianza empresarial alemana se tambalea mientras las industrias repercuten los costes
El aumento de los costes energéticos ya está afectando el sentimiento económico en la economía más grande de Europa. El índice Ifo de confianza empresarial de Alemania cayó a su nivel más bajo desde febrero del año pasado, con las industrias de alto consumo energético como la química, la automotriz y la metalúrgica, particularmente afectadas. En lugar de detener la producción, las grandes empresas están trasladando los costes más altos a sus clientes. BASF, el mayor productor químico del mundo, ha subido algunos precios en más de un 30 %. Del mismo modo, la empresa química alemana Lanxess está subiendo los precios y ha anunciado 550 recortes de empleo. Esta estrategia subraya cómo las empresas están gestionando el actual choque de precios de forma diferente al choque de disponibilidad de 2022, cuando la principal preocupación era asegurar suficiente gas para mantener las operaciones.
Los bancos centrales priorizan la inflación a medida que aumenta el riesgo del sector servicios
Si bien la industria ha mostrado cierta adaptabilidad, el riesgo económico más significativo puede residir en el sector servicios y el gasto de los consumidores. Los precios más altos del petróleo impactan directamente en el transporte y la logística, alimentando una inflación de los servicios que tiende a ser más persistente que las subidas de precios industriales. Los datos ya muestran un fuerte deterioro de la confianza del consumidor en la eurozona. Esto presenta un dilema para los bancos centrales europeos. Tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra mantuvieron sus tipos de interés clave sin cambios esta semana, indicando que contener la inflación es su máxima prioridad. El BCE incluso elevó sus previsiones de inflación, señalando que los posibles recortes de tipos para apoyar la demanda de los hogares están en suspenso, lo que puede actuar como un freno para la recuperación económica más amplia.