La huella económica global de China se contrae al 16,5%
El peso económico global de China se está reduciendo en términos de dólares, un marcado retroceso de una tendencia de décadas. Según datos del Fondo Monetario Internacional, la participación de China en el PIB mundial alcanzó un máximo del 18,5% en 2021, pero cayó a un estimado del 16,5% a finales de 2025. Durante este período, su economía se contrajo de aproximadamente tres cuartas partes del tamaño de la economía de EE. UU. a menos de dos tercios.
Esta disminución presenta un enigma económico, ya que Beijing continúa informando objetivos de crecimiento del PIB real del 4,5-5%, más del doble de la tasa típica de las naciones desarrolladas. La discrepancia se debe a una combinación de deflación interna persistente, que reduce el valor de los bienes y servicios, y un yuan débil. Si bien el país produce más bienes que nunca, el valor denominado en dólares de esa producción se ha estancado, lo que daña la narrativa de China como una potencia global ascendente.
El aumento del 22% en las exportaciones alimenta la fricción comercial global
Las presiones internas de la deflación y una moneda débil están forzando un cambio estratégico para las empresas chinas, lo que resulta en un impulso masivo a las exportaciones que está tensando las relaciones comerciales globales. La feroz competencia interna y la disminución de los márgenes de beneficio están incentivando a los fabricantes a vender en el extranjero, un movimiento amplificado por el yuan débil que hace que sus productos sean más baratos a nivel internacional. Esto llevó a un aumento del 22% en las exportaciones chinas en los primeros dos meses de 2026.
Esta avalancha de productos chinos, que van desde vehículos eléctricos hasta paneles solares, está abrumando a los fabricantes extranjeros que luchan por competir en precio. El resultado es un creciente superávit comercial para China, que alcanzó 1,2 billones de dólares, y una creciente fricción con socios comerciales desde Europa hasta el sudeste asiático. El FMI ha señalado que el crecimiento de China se está volviendo "cada vez más dependiente de la demanda externa" y ha aconsejado al gobierno que promueva el consumo interno en su lugar.
La contracción de la economía china denominada en dólares afecta directamente la rentabilidad de las empresas extranjeras, lo que provoca retiradas estratégicas. Cuando las ventas obtenidas en yuanes se traducen en menos dólares o euros, el mercado se vuelve significativamente menos atractivo. Esta tendencia ha socavado la percepción de larga data de China como un mercado de consumo en constante crecimiento.
El gigante minorista Inditex, empresa matriz de Zara, proporciona un claro ejemplo. Después de expandirse agresivamente a casi 600 tiendas en China continental para 2018, la empresa ha reducido su presencia en aproximadamente un 80% hasta 2026. Esto refleja una tendencia más amplia de las marcas occidentales que tienen dificultades para competir con alternativas nacionales de bajo precio. La situación tiene paralelismos con Japón en la década de 1990, donde un yen débil y la deflación erosionaron su posición económica global durante años. Si bien el FMI proyecta una lenta recuperación de la participación global de China a partir de 2026, el entorno actual presenta desafíos significativos para los inversores internacionales.