Un giro en la política comercial de EE. UU., marcado por el aumento de los aranceles y la imprevisibilidad, ha fortalecido inadvertidamente la posición negociadora de China en el escenario mundial, según un análisis reciente. Este cambio ha empujado a los aliados tradicionales de Estados Unidos a buscar acuerdos comerciales alternativos, con Pekín emergiendo como un beneficiario clave. El desarrollo se produce mientras se proyecta que el comercio de China con Rusia superará los 200.000 millones de dólares por tercer año consecutivo, subrayando una profundización del alineamiento económico que desafía la influencia de EE. UU.
"Los países de todo el mundo están recurriendo a Pekín como su principal socio comercial no porque China se haya ganado esa posición, sino porque la política comercial de Estados Unidos el año pasado indicó que Estados Unidos se está retirando de alianzas de larga data", dijo Ryan Yonk, investigador senior del American Institute for Economic Research. "No debilitamos la posición negociadora de Pekín. Ayudamos a crearla".
Los datos reflejan este panorama en evolución. Si bien el comercio entre EE. UU. y China ha estado plagado de tensiones y aranceles, el comercio de China con Rusia ha florecido, alcanzando los 228.000 millones de dólares en 2025. Esta creciente asociación económica se solidifica aún más mediante proyectos como el gasoducto Power of Siberia 2, un tema clave en las conversaciones recientes entre Vladimir Putin y Xi Jinping. La agitación en Oriente Medio y la volatilidad resultante en el mercado energético solo han aumentado el interés de China por asegurar suministros energéticos estables desde Rusia, lo que le da a Moscú una mayor ventaja en las negociaciones.
El núcleo del problema, como argumenta Yonk, no son solo los aranceles, sino el mensaje que envían. La imprevisibilidad de la política comercial de EE. UU. ha creado un vacío que China está más que dispuesta a llenar. Si bien EE. UU. todavía tiene una mano económica fuerte, la estrategia actual puede estar resultando contraproducente al fomentar las mismas alianzas que busca contrarrestar. La solución, según esta visión, no reside en el proteccionismo, sino en reforzar la competitividad del trabajador estadounidense y asegurar a los aliados que EE. UU. sigue siendo un socio confiable.
Una historia de dos estrategias
El enfoque de EE. UU. ha sido de confrontación, con aranceles destinados a proteger las industrias nacionales y castigar a China por lo que considera prácticas comerciales desleales. Sin embargo, esto ha tenido la consecuencia no deseada de empujar a los aliados a diversificar sus relaciones comerciales. China, en contraste, ha estado construyendo pacientemente una red de asociaciones, utilizando su poderío económico para ofrecer una alternativa al orden global liderado por EE. UU. Esto es evidente en su reciente compra de 200 aviones Boeing, una medida que puede verse como una concesión y una señal de su creciente peso económico.
La conexión rusa
La guerra en Ucrania y las subsiguientes sanciones occidentales a Rusia solo han acelerado esta tendencia. Con su acceso a los mercados europeos restringido, Rusia ha recurrido a China como un salvavidas económico crucial. El gasoducto Power of Siberia 2 es un testimonio de esta relación cada vez más profunda, que promete entregar un volumen significativo de gas ruso a China durante los próximos años. Esta asociación proporciona a ambos países una cobertura contra la presión occidental y fortalece su posición en un mundo multipolar.
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