Estados Unidos se prepara para reformar su régimen de aranceles al acero y al aluminio aplicando un gravamen del 25 % a los productos terminados fabricados con estos metales, un cambio de política que podría anunciarse tan pronto como esta semana.
La proclama presidencial prevista sustituiría al actual arancel del 50 % que se aplica únicamente al valor de los insumos de metal en bruto para muchos productos, según personas conocedoras de los planes citadas por The Wall Street Journal.
Bajo la nueva estructura, el arancel del 25 % se aplicará al precio de venta total de los productos terminados importados que contengan acero y aluminio. Sin embargo, el arancel del 50 % sobre el acero y el aluminio de grado de mercancía se mantendrá sin cambios, manteniendo la presión sobre las importaciones de materias primas.
Esta política tiene como objetivo simplificar el cumplimiento, pero se espera que aumente de manera efectiva los costos de una amplia gama de bienes importados, desde bicicletas hasta electrodomésticos. El cambio podría afectar a los fabricantes que dependen de componentes importados y, potencialmente, provocar precios más altos para los consumidores estadounidenses.
El ajuste se produce tras años de una compleja aplicación de aranceles y se considera una medida para cerrar las lagunas que permitían que algunos productos terminados entraran en EE. UU. sin enfrentarse a los elevados aranceles sobre los metales. Las consecuencias de los cambios arancelarios variarán enormemente según el producto y su composición de acero y aluminio extranjeros frente a los nacionales.
Los productores nacionales de acero podrían beneficiarse de un aumento de la demanda, mientras que las industrias que utilizan productos terminados importados podrían enfrentarse a importantes presiones de costos, lo que podría afectar a sectores como el automotriz, la construcción y los bienes de consumo.
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