Ha surgido una marcada divergencia entre los mercados de acciones y bonos de EE.UU., con el S&P 500 subiendo un 6,5% a nuevos máximos desde el inicio de la guerra de Irán, mientras que los bonos del Tesoro se han vendido por temores a la inflación.
"La renta variable percibe el conflicto de Irán como un choque temporal, pero las tasas están descontando simultáneamente un conflicto más prolongado", afirmó Henry Allen, estratega macro de Deutsche Bank.
La división es clara en los datos: el S&P 500 y el crudo Brent tienen una correlación negativa de -0,77, mientras que el rendimiento del Tesoro a 10 años y el petróleo se mueven casi al unísono con una correlación de 0,92. El optimismo del mercado de acciones se ve impulsado por unos resultados estelares, con las empresas del S&P 500 reportando un crecimiento interanual del 27,1% en el primer trimestre, liderado por un aumento del 50% en el sector tecnológico.
Esta divergencia plantea una pregunta crítica para los inversores: ¿está el mercado de acciones valorando correctamente una resolución rápida y unos fundamentos corporativos sólidos, o la cautela del mercado de bonos es un reflejo más exacto de los riesgos que se avecinan? La respuesta dependerá probablemente de la trayectoria de los precios del petróleo y la inflación en los próximos meses.
El Promedio Industrial Dow Jones superó recientemente la marca de los 50.000 puntos, un testimonio de la resistencia del mercado de renta variable. Este optimismo contrasta fuertemente con el mercado de bonos, donde el Índice del Tesoro de Bloomberg ha caído un 1,5% desde que comenzó el conflicto el 27 de febrero.
El dólar también ha sido un factor clave. Tras un salto inicial del 3% en el índice DXY al comienzo de la guerra, el billete verde ha cedido esas ganancias a medida que han surgido esperanzas de desescalada. Un dólar más débil podría proporcionar un impulso adicional para los beneficios corporativos de EE.UU., particularmente para los grandes exportadores multinacionales.
Hacia el futuro, los analistas observan de cerca la próxima cumbre de Pekín entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping. Cualquier progreso en materia comercial podría aumentar aún más la confianza de los inversores. Sin embargo, el gran protagonista sigue siendo el auge de la IA en EE.UU., que ha elevado las previsiones de crecimiento de beneficios del S&P 500 para 2026 al 23%, 10 puntos porcentuales por delante de sus equivalentes europeos.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.