(P1) Durante casi 50 años, la economía mundial dependió de la seguridad de la infraestructura energética del Golfo Pérsico, pero está surgiendo una nueva dinámica en la que EE. UU. se beneficia de una inestabilidad selectiva. El ataque de 2019 a la instalación de Abqaiq de Saudi Aramco, que recortó 5,7 millones de barriles de suministro diario y provocó un aumento del 15 % en el precio del petróleo, demostró una vulnerabilidad que el mercado no puede ignorar.
(P2) "A medida que se intensifica la rivalidad entre EE. UU. y China, la clase estratégica de Washington ya no ve la interdependencia como una restricción mutua. Es un mapa de vulnerabilidades", escribió Reza Bundy, presidente y director ejecutivo de Atlas America Fund, en el Wall Street Journal.
(P3) El ataque con drones y misiles del 14 de septiembre de 2019, atribuido a Irán por EE. UU. y las potencias europeas, fue la interrupción de suministro de petróleo individual más grande de la historia. Más recientemente, los ataques de los hutíes en el Mar Rojo han obligado a desviar la carga, sumando semanas a las cadenas de suministro y aumentando la sensación de fragilidad en la arquitectura del comercio mundial.
(P4) Esta inestabilidad gestionada crea un sistema en el que EE. UU., como el mayor productor de petróleo y gas del mundo con mercados de capital robustos, está mejor posicionado para absorber los choques y atraer capital que busca seguridad. Cuando el suministro mundial se reduce, la producción estadounidense se vuelve más crítica y sus mercados financieros un refugio más sólido.
La ventaja estructural para EE. UU. es clara. Mientras que rivales como China, que depende en gran medida de los hidrocarburos importados que pasan por el Estrecho de Ormuz, enfrentan costos crecientes debido a la incertidumbre, la economía estadounidense se fortalece en términos relativos. La volatilidad impulsa el capital hacia sistemas que pueden contenerla, y EE. UU. ofrece la liquidez más profunda y las protecciones legales más sólidas.
Esta dinámica está moldeada por tres actores clave. La estrategia de Irán de interrupción calibrada —ejercer presión sobre el transporte marítimo y la infraestructura sin provocar una represalia abrumadora— tiene un estrecho margen de error. Los estados del Golfo deben equilibrar las amenazas a la seguridad con la necesidad de ingresos estables para sus transformaciones económicas. China, mientras tanto, debe decidir si expande su presencia de seguridad en la región o acepta una vulnerabilidad persistente.
Las consecuencias ya son visibles en los mercados energéticos, donde los precios están cada vez más impulsados por señales geopolíticas que por la oferta y la demanda fundamentales. Esta volatilidad se propaga a los sistemas alimentarios y a los estados frágiles, creando una inestabilidad más amplia.
Existe un paso más directo que EE. UU. podría tomar. La ley existente permite restricciones a las exportaciones de crudo por motivos de interés nacional. Incluso un uso limitado de esta autoridad reduciría el suministro mundial al tiempo que aliviaría los precios internos, creando una poderosa fuente de influencia y cambiando las expectativas del mercado. Los arquitectos del orden liberal están ahora en posición de usarlo como un instrumento de presión contra quienes más dependen de él.
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