Los ocho bancos más grandes de Estados Unidos devolvieron un récord de 46.170 millones de dólares a sus accionistas en el primer trimestre de 2026, un aumento del 34 por ciento respecto al año anterior que coincide con la flexibilización de las normas de capital y la creciente incertidumbre económica.
"El patrón paradójico es claro: cuanto más incierta parece la economía, más agresivamente regalan dinero los bancos", escribió Mayra Rodriguez Valladares, colaboradora senior de Forbes, en un análisis reciente. Los pagos, que incluyen tanto dividendos como recompras de acciones, alcanzaron más de 500 millones de dólares al día en un trimestre marcado por conflictos geopolíticos y disputas arancelarias.
El aumento fue impulsado principalmente por un fuerte incremento en las recompras de acciones, que son más flexibles que los dividendos. Las recompras de Citigroup Inc. aumentaron un 260% interanual hasta los 6.300 millones de dólares, mientras que las de State Street Corp. se dispararon un 300% desde una base baja. En total, los ocho bancos de importancia sistémica mundial (G-SIB) entregaron 46.170 millones de dólares a los accionistas.
Este ritmo récord de retorno de capital plantea nuevas preguntas sobre la resiliencia del sistema bancario dos décadas después de la crisis financiera de 2008. Los críticos argumentan que los pagos priorizan los retornos de los accionistas sobre la responsabilidad de los bancos de mantener colchones de capital sólidos para absorber pérdidas inesperadas. El debate se intensifica a medida que el recuerdo de los rescates financiados por los contribuyentes se desvanece y las presiones regulatorias disminuyen.
El giro de 20 años
Un análisis de veinte años de los retornos de capital bancario revela un cambio estratégico significativo. Los dividendos han crecido modestamente, pero las recompras se han convertido en la herramienta principal para distribuir el exceso de capital. Este enfoque ofrece a los bancos una "válvula" que pueden abrir o cerrar dependiendo de las condiciones del mercado y el sentimiento regulatorio.
La Crisis Financiera Global de 2007-2009 vio cómo las recompras colapsaban a casi cero mientras los reguladores instaban a la conservación del capital. Comenzaron a recuperarse en 2011 con la introducción de las pruebas de estrés del Análisis y Revisión Integral del Capital (CCAR) de la Reserva Federal, que efectivamente dieron a los bancos un "permiso" para reanudar los retornos a los accionistas.
La Ley de Recortes de Impuestos y Empleos de 2017 impulsó esta tendencia, reduciendo la tasa impositiva corporativa del 35 por ciento al 21 por ciento y liberando un capital masivo. Las recompras alcanzaron un récord entonces de aproximadamente 118.000 millones de dólares en 2018. La pandemia de COVID-19 en 2020 proporcionó un crudo recordatorio de la fragilidad del sistema, lo que llevó a la Fed a suspender las recompras y limitar los dividendos.
El debate: Resiliencia frente a Retornos
Los bancos argumentan que las recompras son un uso racional y eficiente del capital, especialmente cuando sus acciones cotizan por debajo del valor contable tangible, como ocurrió con Citigroup durante gran parte de 2024. Las investigaciones del International Review of Financial Analysis respaldan la visión de que la flexibilidad de las recompras hace que el sistema bancario sea más resiliente, ya que pueden recortarse sin el pánico que podría inducir un recorte de dividendos.
Sin embargo, los críticos, incluida la Fed de Minneapolis, sostienen que el frenesí actual de retorno de capital es un resultado directo de una supervisión regulatoria relajada. La finalización del "Basel III Mulligan" en marzo de 2026, que redujo los requisitos de capital, se considera un catalizador clave.
La historia de la crisis de 2008, donde los bancos que fueron agresivos con las recompras en 2006-2007 requirieron rescates de los contribuyentes, sigue muy presente. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que, a pesar de las sólidas ganancias —JPMorgan Chase & Co. registró 14.600 millones de dólares en ingresos netos—, la tensión fundamental entre los retornos a los accionistas y la estabilidad financiera a largo plazo sigue sin resolverse.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.