Funcionarios estadounidenses e iraníes se reunirán en Pakistán para entablar negociaciones directas el 11 de abril, un importante acontecimiento diplomático destinado a poner fin a un conflicto de cinco semanas que ha sacudido los mercados energéticos mundiales. La Casa Blanca confirmó las conversaciones, que serán encabezadas por el vicepresidente JD Vance, después de que el equipo negociador del presidente Donald Trump rechazara de plano una propuesta inicial de 10 puntos de Teherán.
"El plan inicial de 10 puntos de Irán era inviable y fue rechazado directamente por el presidente", afirmó la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, en una rueda de prensa el lunes. Añadió que un posterior "plan simplificado, revisado y completamente diferente" se consideró una base viable para el debate y se negociaría frente a un marco de 15 puntos de Washington.
Estados Unidos ha mantenido su demanda principal de que Irán no debe realizar ningún enriquecimiento de uranio en su propio suelo, un punto de fricción de larga data. En una nueva complicación, funcionarios iraníes han dicho a los mediadores que su participación depende de un alto el fuego en el Líbano. Como condición previa para las conversaciones, EE. UU. ha exigido que el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el suministro de petróleo, permanezca abierto sin restricciones.
Estas conversaciones directas representan el esfuerzo diplomático más significativo hasta la fecha para rebajar la tensión de un conflicto que ha incluido ataques en territorio iraní y ataques de represalia contra instalaciones petroquímicas saudíes. El éxito de las negociaciones depende de cómo se gestione la profunda desconfianza que condujo a la guerra, que estalló apenas dos días después de que concluyera en Ginebra una ronda de conversaciones indirectas aparentemente prometedora. El último gran avance diplomático, el acuerdo nuclear de 2015, hizo que el crudo Brent cayera más del 15 por ciento en los seis meses siguientes.
El papel fundamental de Vance
La elección de JD Vance para encabezar la delegación estadounidense es estratégica y refleja la preferencia de Teherán por un negociador percibido como más cauteloso ante la intervención extranjera. Según fuentes regionales, Irán se ha negado a entablar contacto con los enviados anteriores Steve Witkoff y Jared Kushner desde que comenzó la guerra, al considerar que las negociaciones previas a la contienda fueron una táctica dilatoria para los preparativos militares. Vance no participó en aquellas conversaciones anteriores, lo que lo convierte en una figura políticamente más aceptable para Teherán.
Su papel fue confirmado discretamente por el presidente Trump, quien señaló que Vance fue fundamental en los esfuerzos de canales indirectos facilitados por el jefe del ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir. Los analistas sugieren que Vance está equilibrando cuidadosamente la lealtad a Trump con su escepticismo de larga data sobre los conflictos en Oriente Medio, posicionándose potencialmente para una candidatura presidencial en 2028 como pacificador.
Un marco frágil
Está previsto que las negociaciones se lleven a cabo a puerta cerrada durante dos semanas. Según se informa, el marco implica un proceso secuenciado, que comienza con medidas de fomento de la confianza antes de un alto el fuego formal. Aunque los detalles se mantienen en privado, el embajador de Irán en Pakistán reconoció el martes que los esfuerzos de mediación de Islamabad se acercaban a una "etapa crítica y sensible".
Sin embargo, la vía diplomática contrasta fuertemente con la reciente retórica del presidente Trump. El martes, publicó en su plataforma Truth Social que "Toda una civilización morirá esta noche", al tiempo que sugirió que podría estar en marcha un "cambio de régimen completo y total" en Irán. Esta escalada en el lenguaje ejerce una presión inmensa sobre los negociadores en Islamabad para que produzcan una vía de desescalada tangible.
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