La empresa de defensa ucraniana Fire Point produce actualmente 220 drones de largo alcance al día y está en camino de fabricar 400 diarios para finales de 2026, una expansión significativa de una industria nacional que está remodelando la estrategia de guerra del país. Este aumento en la producción está permitiendo nuevas tácticas ofensivas, desde la supresión de las defensas aéreas rusas con drones armados con cohetes hasta la imposición de un "asedio con drones" en centros logísticos clave situados a gran profundidad tras las líneas del frente.
"La idea detrás de nuestras armas es que vendemos no solo armas y no solo seguridad, sino independencia en seguridad", dijo Denys Shtilierman, cofundador y diseñador jefe de Fire Point, al Financial Times. La estrategia pretende reducir la dependencia ucraniana de la tecnología y la inteligencia occidentales, una vulnerabilidad puesta de relieve en marzo de 2025, cuando una pausa en la ayuda estadounidense afectó a la inteligencia para los ataques dentro de Rusia.
El aumento de la producción está permitiendo una evolución táctica en el campo de batalla. En mayo, las fuerzas rusas difundieron imágenes de un drone ucraniano FP-1, uno de los tipos más comunes, armado con lanzacohetes S-5 de 57 mm para atacar grupos de fuego móviles antidrones. Esta nueva función, conocida como Supresión de Defensas Aéreas Enemigas (SEAD), tiene como objetivo neutralizar las defensas de corto alcance de Rusia, que se han vuelto cada vez más eficaces a la hora de derribar drones. El movimiento imita las tácticas utilizadas por los drones navales de Ucrania, donde buques armados proporcionan fuego de supresión para permitir que las lanchas kamikaze alcancen sus objetivos.
Este cambio representa una nueva fase en el conflicto, en la que Ucrania está aprovechando su creciente producción nacional para crear una maquinaria de guerra autosuficiente capaz de librar una guerra de desgaste contra un adversario mayor. Al atacar sistemáticamente la logística y el paraguas de defensa aérea de Rusia, Ucrania pretende degradar la capacidad de Moscú para mantener sus operaciones a largo plazo, cambiando fundamentalmente el cálculo de la guerra.
De los drones SEAD a las constelaciones de satélites
Las ambiciones de Fire Point van más allá del campo de batalla inmediato. La empresa, fundada tras la invasión de 2022, ha lanzado dos satélites este año y tiene previsto desplegar "decenas" más para 2027 con el fin de crear una red independiente de inteligencia y comunicaciones. Esta capacidad espacial está diseñada para dar soporte a una red de campo de batalla unificada, integrando drones, misiles de crucero y sistemas de puntería autónomos.
El desarrollo de un drone SEAD es una extensión lógica de este enfoque integrado. Al armar al drone de trabajo FP-1 con cohetes S-5 no guiados —un arma de la era soviética de la que existen grandes reservas— Ucrania convierte una munición olvidada en una herramienta para contrarrestar a los equipos móviles antidrones de Rusia. Aunque imprecisos, los cohetes proporcionan fuego de supresión, obligando a las dotaciones de defensa aérea a ponerse a cubierto y permitiendo el paso de otros drones de ataque. Esta táctica de utilizar escoltas armadas para despejar el camino a plataformas cargadas de explosivos está siendo aplicada ahora por las fuerzas ucranianas en los dominios marítimo, terrestre y aéreo.
El asedio con drones: un nuevo modelo de desgaste
Más allá de las innovaciones tácticas, Ucrania está utilizando sus drones de largo alcance para ser pionera en una nueva forma de guerra de asedio. En lugar de rodear físicamente una ciudad, las fuerzas ucranianas están imponiendo un "asedio con drones" al centro logístico de Mariúpol, ocupado por Rusia. Los drones patrullan constantemente corredores de suministro clave, como la autopista M-14 y la ruta Mariúpol-Donetsk, atacando camiones de combustible, transportes de munición y otros vehículos logísticos hasta 160 kilómetros por detrás del frente.
Esta campaña de interdicción remota, posible gracias a municiones merodeadoras asistidas por IA como el drone Hornet, degrada la capacidad de Rusia para abastecer a sus fuerzas en el sur de Donetsk y Zaporiyia. La estrategia aplica la lógica de un asedio tradicional —cortar los suministros para debilitar una posición fortificada— pero la adapta a la guerra moderna, donde el control del movimiento puede ser más importante que el control del terreno. Al atacar vehículos logísticos vulnerables y predecibles, Ucrania puede desgastar el esfuerzo bélico ruso de forma más eficiente que atacando directamente posiciones atrincheradas.
Las implicaciones de este modelo de asedio basado en drones son profundas, y podrían dificultar mucho más que cualquier fuerza de ocupación mantenga el territorio urbano en futuros conflictos. A medida que el alcance, la autonomía y la resistencia de los drones sigan mejorando, esta táctica podría aplicarse a otras ciudades ocupadas por Rusia, colapsando sistemáticamente las redes logísticas bajo la presión de ataques constantes de largo alcance.
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