El presidente Donald Trump invocó la Ley de Producción de Defensa en cinco nuevas órdenes el 20 de abril para canalizar fondos federales hacia proyectos de refinación de petróleo, carbón y gas natural, con el objetivo de reforzar lo que la administración denomina un suministro energético nacional bajo presión.
"El presidente Trump está abusando de las autoridades de emergencia y desperdiciando recursos de los contribuyentes a través de un abuso sin precedentes de la Ley de Producción de Defensa para promover sus proyectos de combustibles fósiles políticamente favorecidos", dijo Tyson Slocum, director de energía del organismo de control del consumidor Public Citizen (8).
La medida sigue al uso que hizo el presidente Joe Biden de la misma ley en 2022 para acelerar la fabricación de energía limpia (3). Mientras que el crudo Brent cotizaba a 94.51 dólares el barril tras el anuncio, los precios de la gasolina en EE. UU. se mantienen por encima de los 4 dólares el galón, un punto crítico para los votantes antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre (3).
Las órdenes facultan al Departamento de Energía para invertir directamente y agilizar la concesión de permisos para infraestructuras energéticas, pero es poco probable que bajen los precios en los surtidores antes de 2027. La cuestión central sigue siendo si la intervención gubernamental puede proteger a los EE. UU. de los choques energéticos globales, una pregunta que ambas administraciones han intentado responder con diferentes tecnologías.
Las cinco determinaciones declaran que garantizar una producción nacional resiliente en estos sectores es "fundamental para la preparación de la defensa de los Estados Unidos", según la Casa Blanca (2). Esta acción permite al Departamento de Energía realizar compras directas, ofrecer apoyo financiero y utilizar otras herramientas para superar las barreras del mercado y regulatorias que han frenado el desarrollo de proyectos. Empresas como Sky Quarry Inc. (NASDAQ: SKYQ), que opera la única refinería de Nevada, destacaron la medida como un beneficio potencial para la capacidad nacional en un mercado de combustible restringido en el oeste de los EE. UU.
Una herramienta familiar para fines diferentes
No es la primera vez que un presidente recurre a la ley de la época de la Guerra de Corea para perseguir una agenda energética. En 2022, el presidente Joe Biden invocó la DPA para aumentar la producción nacional de tecnologías de energía limpia, incluidos paneles solares, bombas de calor y equipos para hidrógeno limpio (4). La justificación fue similar: la entonces secretaria de Energía, Jennifer Granholm, afirmó que la cadena de suministro de energía limpia de la nación era "demasiado dependiente de fuentes extranjeras y naciones adversarias".
Las órdenes de Trump, sin embargo, se centran directamente en los hidrocarburos. Las directivas apuntan a centrales eléctricas de carbón, fabricación de turbinas de gas, instalaciones de refinación de petróleo y componentes críticos de la red como transformadores (6). La administración argumenta que una "infraestructura de red eléctrica envejecida y restringida" representa una "amenaza directa a la defensa nacional" (7), y que la energía de carga base del carbón es esencial para las instalaciones de defensa y las nuevas tecnologías que consumen mucha energía como la IA.
Estrategia a largo plazo frente a precios a corto plazo
A pesar de la acción ejecutiva, es poco probable que los conductores estadounidenses vean un alivio inmediato. La Administración de Información de Energía de EE. UU. (EIA) pronostica que los precios del petróleo se mantendrán por encima de los 90 dólares el barril hasta mediados de 2026, y que los precios de la gasolina alcanzarán un máximo de alrededor de 4.30 dólares el galón esta primavera (10). Los principales impulsores son los conflictos geopolíticos en curso, no la falta de herramientas de política nacional.
El impacto a largo plazo podría ser más significativo. Al autorizar el apoyo federal, la administración tiene como objetivo reducir el riesgo de la inversión privada en infraestructuras importantes como gasoductos, terminales de exportación de GNL y actualizaciones de refinerías. World Oil informa que esto podría aliviar las presiones sobre los precios en 2027 y más allá al aumentar la oferta nacional (11).
La medida ha provocado fuertes críticas de grupos ambientales y organismos de control del consumidor. Public Citizen calificó las directivas como "una lista de deseos para las industrias del petróleo, el gas y el carbón, que ya están disfrutando de beneficios récord bajo la Agenda de Inasequibilidad Energética de Trump" (8). La crítica más amplia, señalada por Newsweek, es que usar un estatuto de tiempos de guerra para lo que es esencialmente una política industrial "desdibuja la línea entre la autoridad de emergencia y la formulación rutinaria de políticas energéticas" (9).
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