Las últimas amenazas del expresidente estadounidense Donald Trump de destruir infraestructura iraní clave han inyectado una nueva volatilidad en los mercados mundiales, con un frágil alto el fuego de dos semanas a punto de expirar y los petroleros aún navegando por un camino precario a través del Estrecho de Ormuz.
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó su retórica contra Irán, afirmando que los “días de ser amable han terminado” y amenazando con destruir “cada planta de energía y cada puente” si Teherán no acepta un acuerdo propuesto por Estados Unidos. La declaración se produce pocos días antes de que expire un alto el fuego de dos semanas, que comenzó el 8 de abril, lo que aumenta los temores de un conflicto renovado que ya ha causado el mayor choque de suministro de petróleo de la historia. La Casa Blanca ha enmarcado públicamente su enfoque como una campaña de “choque y presión” diseñada para obligar a Irán a llegar a un acuerdo, pero la estrategia ha sembrado la confusión entre los aliados y no ha logrado asegurar un avance en las negociaciones.
“Seguimos siendo escépticos ante cualquier resolución inmediata de esta guerra”, dijo John Evans, analista del mercado petrolero de PVM. “Elija cualquier titular y siempre hay una contraparte”.
La guerra, que comenzó el 28 de febrero tras un ataque conjunto de EE. UU. e Israel, provocó el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento crítico que gestiona aproximadamente el 20 por ciento del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. La interrupción hizo que el crudo Brent subiera hacia los 120 dólares el barril y empujó los precios medios de la gasolina en EE. UU. por encima de los 4,10 dólares el galón por primera vez desde 2022. Aunque los precios han retrocedido desde entonces ante las esperanzas de un alto el fuego, con el Brent cotizando cerca de los 96 dólares el barril, el mercado sigue nervioso. El Promedio Industrial Dow Jones, que había entrado en corrección al caer un 10 por ciento desde su máximo de febrero, ha recuperado desde entonces sus pérdidas por el optimismo sobre un posible acuerdo.
Una resolución duradera sigue siendo esquiva, con la retórica agresiva de la administración socavando los esfuerzos diplomáticos. El núcleo del conflicto reside en el severo dolor económico infligido por el cierre del estrecho y las repercusiones políticas para Trump, para quien la caída de los precios de la energía es una prioridad nacional clave. La guerra ha dejado al presidente en una posición imposible: admitir la derrota es políticamente insostenible, pero una mayor escalada corre el riesgo de un enfrentamiento militar directo con costes enormes y un resultado incierto.
Las conversaciones iniciales entre EE. UU. e Irán mantenidas en Islamabad, Pakistán, y mediadas por el jefe del ejército de Pakistán, Asim Munir, terminaron sin acuerdo. Una delegación de EE. UU. encabezada por el vicepresidente JD Vance no logró encontrar puntos en común con sus homólogos iraníes, que han exigido reparaciones y el reconocimiento formal de su autoridad sobre el estrecho. Irán ha rechazado las afirmaciones de Trump de que se ha alcanzado un acuerdo, y el portavoz del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, acusó a EE. UU. de librar una “guerra mediática” con “afirmaciones falsas”.
A lo largo de las siete semanas de conflicto, la administración Trump ha entregado una serie de mensajes caóticos y a menudo contradictorios. El presidente ha pasado de amenazar con la “aniquilación total” a afirmar que la crisis “realmente no nos afecta”, mientras que su gabinete ha hecho propuestas inviables, como una instalación fantasma de seguros marítimos, y más tarde revirtió la política de sanciones de larga data. En un giro dramático el 20 de marzo, el Departamento del Tesoro levantó las sanciones sobre 140 millones de barriles de petróleo iraní almacenados en el mar para evitar que los precios se dispararan hasta los 150 dólares por barril proyectados, lo opuesto a la estrategia de “máxima presión” pregonada al comienzo de la guerra.
Aunque un puñado de petroleros comenzó a pasar por el Estrecho de Ormuz tras el anuncio del alto el fuego, Teherán ha mantenido que la vía navegable no permanecerá abierta si continúa el bloqueo estadounidense a sus puertos. La situación ha expuesto los límites del poder militar de EE. UU. y su menguante influencia sobre los flujos de energía globales. Trump ha intentado sin éxito presionar a aliados como Japón, China y miembros de la OTAN para asegurar la vía navegable, una misión que ellos han considerado poco realista y en la que no han estado dispuestos a participar.
A medida que se acerca la fecha límite del alto el fuego del 22 de abril, el mundo observa para ver si la apuesta de alto riesgo de la administración conducirá a un avance diplomático o a una escalada militar catastrófica. La próxima ronda de conversaciones, potencialmente este fin de semana, será crítica. El fracaso en la prórroga del alto el fuego podría hacer que los precios del petróleo se disparen una vez más, reavivando los temores de inflación y enviando ondas de choque a través de una economía global ya maltrecha por el conflicto.
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