Un ataque con drones contra una importante refinería de petróleo rusa pone de relieve el creciente riesgo para el suministro energético mundial derivado de los ataques dirigidos contra infraestructuras críticas.
Un ataque con drones contra una importante refinería de petróleo rusa pone de relieve el creciente riesgo para el suministro energético mundial derivado de los ataques dirigidos contra infraestructuras críticas.

Un ataque con drones ucranianos ha paralizado las operaciones de la refinería de petróleo Syzran de Rosneft, dejando fuera de servicio una capacidad de procesamiento de 170.000 barriles diarios y subrayando la vulnerabilidad de la infraestructura energética de Rusia. El ataque del 21 de mayo dañó la unidad principal de destilación de crudo de la planta, cuya reparación podría tardar más de un mes, según fuentes del sector.
El negocio de predecir el riesgo geopolítico es en sí mismo arriesgado, y muchas empresas no logran anticipar las grandes perturbaciones. "Hay que modelar el plan de negocio partiendo de la base de que los peores riesgos son, en realidad, mucho más probables de lo que se pensaba", afirmó Sarah Kaplan, profesora de la Rotman School of Management, al comentar la dificultad de pronosticar acontecimientos en el clima global actual.
El ataque obligó a cerrar la unidad de destilación de crudo CDU-6, que representa más del 70% de la capacidad anual de 8,5 millones de toneladas métricas de la planta, según informaron fuentes a Reuters. En 2024, la refinería procesó 4,3 millones de toneladas de crudo, produciendo 1,5 millones de toneladas de diésel y 800.000 toneladas de gasolina. La pérdida de esta producción aumentará la presión sobre los mercados nacionales de combustible en Rusia y podría tener efectos colaterales en los precios mundiales del diésel si la interrupción se prolonga.
El incidente es el último de una serie de ataques dirigidos contra instalaciones energéticas rusas, lo que representa un choque significativo por el lado de la oferta que complica los cálculos para los mercados mundiales de petróleo. Para las empresas y los consejos de administración, es un crudo recordatorio de la necesidad de integrar el riesgo geopolítico en su planificación estratégica. Como señala el ejecutivo de Siemens Khalil Dindarian, las empresas deben "aprender rápido y adaptarse rápido" en un entorno en el que las crisis pueden agravarse, creando una incertidumbre exponencial.
El ataque a la refinería de Syzran forma parte de una tendencia más amplia en la que actores estatales y no estatales atacan cada vez más infraestructuras económicas críticas. Este cambio está obligando a reevaluar la gestión de riesgos, pasando de un proceso puramente defensivo y lineal a otro más dinámico y adaptativo. "La gestión de riesgos tradicional se basa en procesos lineales", sostiene Dindarian, pero en un mundo de crisis en cascada, "hay que aceptar la incertidumbre como parte de cada decisión".
Esta nueva realidad ha espoleado el auge de la consultoría de crisis geopolíticas, con firmas como Crisis24, una división de GardaWorld, asociándose con gigantes del análisis de datos como Palantir para ofrecer a los clientes una "previsión procesable". Sin embargo, incluso los sofisticados modelos impulsados por IA pueden errar el tiro. Por ejemplo, el propio pronóstico de 2026 de Crisis24 calificó un bloqueo del Estrecho de Ormuz como un "caso peor poco probable", un escenario que desde entonces se ha desarrollado. Esto pone de relieve el reto de modelizar el riesgo cuando intervienen actores impredecibles. Los ataques a las refinerías rusas demuestrar que escenarios antes impensables forman ahora parte del panorama operativo estándar, lo que obliga a la industria energética y a sus aseguradoras a valorar un nuevo y mayor nivel de riesgo geopolítico.
Este artículo tiene fines meramente informativos y no constituye asesoramiento en materia de inversión.