Rusia y China firmaron el miércoles un acuerdo histórico para construir el gasoducto Fuerza de Siberia 2, un proyecto de infraestructura estratégico que redirige los flujos de energía de Rusia hacia el este y profundiza la influencia de Pekín sobre Moscú. El acuerdo asegura un nuevo cliente importante para el gas ruso después de que sus exportaciones a Europa colapsaran.
"Para Rusia, es un salvavidas estratégico después de perder la mayor parte de su mercado de gas europeo", afirmó Alexander Korolev, politólogo de la UNSW Sydney en Australia. "Para China, el gasoducto se trata de seguridad energética y de influencia, y menos de dependencia. Diversifica el suministro lejos de los cuellos de botella marítimos".
El memorando legalmente vinculante da luz verde al gasoducto de 2.600 kilómetros, que transportará 50 mil millones de metros cúbicos de gas natural anuales desde los campos de la península de Yamal que anteriormente servían a Europa. La nueva ruta atravesará Mongolia para llegar a China, complementando al gasoducto existente Fuerza de Siberia 1, que tiene una capacidad de 38 bcm. El acuerdo se produce tras una caída del 44% en los envíos de gas de Gazprom el año anterior, lo que llevó las exportaciones a su nivel más bajo en décadas.
El acuerdo consolida una nueva codependencia energética que fortalece la relación chino-rusa al tiempo que crea nuevos puntos de presión. Para Pekín, el gasoducto terrestre es un paso crucial hacia la seguridad de su suministro energético, evitando rutas marítimas como el Estrecho de Ormuz, que ha sufrido interrupciones significativas debido a la guerra de Irán. Para Moscú, proporciona un flujo de ingresos a largo plazo muy necesario, aunque los analistas creen que la posición negociadora de China le permitió asegurar términos de precios altamente favorables, aunque no revelados.
Un acuerdo impulsado por la necesidad mutua
La vacilación de China sobre el proyecto, estancado durante mucho tiempo, pareció desvanecerse a medida que la volatilidad energética y las amenazas a las rutas de navegación resaltaron sus vulnerabilidades. Si bien China mantiene un suministro significativo de 92 días en su inventario de crudo en tierra y ha estado impulsando la producción nacional, Fuerza de Siberia 2 brinda seguridad de suministro a largo plazo desde una fuente única y masiva. El acuerdo, firmado durante la visita del presidente Vladimir Putin a Pekín, marca la culminación de años de esfuerzos rusos para llevar el proyecto a buen término.
El acuerdo señala una alineación económica más profunda, con Rusia volviéndose cada vez más dependiente de China como comprador de su exportación más crucial y fuente de tecnología sancionada. Si bien los términos financieros completos no se hicieron públicos, los informes sugieren que Pekín estaba presionando por precios que coincidieran con las tarifas nacionales de Rusia, significativamente más bajos de lo que pagaban los clientes europeos. "Un acuerdo señalaría no solo confianza, sino la decisión de que la codependencia es más segura que la alternativa", dijo Michael Feller, estratega jefe de Geopolitical Strategy. "Para el resto del mundo, esto haría que la relación chino-rusa fuera más difícil de deshacer".
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