La mentalidad de crecimiento a toda costa de la industria de la IA se enfrenta a un golpe de realidad, ya que incluso sus actores más importantes confrontan el gasto asombroso que supone alimentar esta revolución.
OpenAI no ha alcanzado los objetivos clave de ingresos y crecimiento de usuarios, según un informe del 27 de abril de 2026, lo que ha provocado un debate interno sobre la sensatez de su gasto masivo en centros de datos y señala una posible crisis de valoración antes de su muy esperada salida a bolsa (IPO).
El panorama competitivo es feroz, con rivales como Anthropic creciendo a un ritmo que la Directora de Ingresos de OpenAI, Denise Dresser, calificó de "inflado" en un reciente memorando interno. "Utilizan tratamientos contables que hacen que los ingresos parezcan mayores de lo que son", escribió Dresser, afirmando que la tasa de ejecución de 30.000 millones de dólares de Anthropic está sobrevalorada en unos 8.000 millones de dólares.
La fricción interna en OpenAI se centra en los masivos gastos de capital para centros de datos ante la desaceleración del crecimiento. Este auge del gasto se extiende a toda la industria; Meta Platforms lanzó recientemente un programa para formar técnicos de fibra para dotar de personal a su propia construcción de centros de datos. La escala de estas inversiones es inmensa; el CEO de Amazon, Andy Jassy, señaló recientemente que si su negocio interno de silicio vendiera chips directamente, representaría una tasa de ejecución de ingresos anuales de casi 50.000 millones de dólares, situándolo por delante de AMD.
Esta noticia podría moderar el entusiasmo por la eventual IPO de OpenAI y crear un sentimiento negativo para el sector de la IA en general. Para los inversores, la pregunta clave es dónde se está creando realmente el valor: con los fabricantes de modelos de alto perfil como OpenAI y Anthropic, o con los proveedores de infraestructura como Amazon, Google e Intel que suministran la costosa potencia computacional.
La carrera armamentística de las infraestructuras
El auge de la IA está forzando una reevaluación estratégica en las grandes tecnológicas. Mientras OpenAI y Anthropic acaparan los titulares, la capa fundamental de semiconductores e infraestructura en la nube es donde se están gastando miles de millones. AWS de Amazon es un ejemplo de ello, con sus chips personalizados Graviton y Trainium que atraen a los principales actores de la IA. Meta acordó recientemente usar CPUs Graviton, mientras que tanto OpenAI como Anthropic se han comprometido a usar chips Trainium para el entrenamiento y la inferencia.
Google también es un competidor importante, debutando sus nuevos procesadores TPU 8t y 8i para competir directamente con Nvidia y AMD. La compañía ha asegurado acuerdos multimillonarios para proporcionar su capacidad de TPU tanto a Anthropic como a Meta, destacando la intensa demanda de hardware de IA especializado.
Una guerra de palabras y carteras
La rivalidad entre los principales laboratorios de IA está escalando más allá de la tecnología hacia la crítica pública. El memorando de Dresser atacando la contabilidad de Anthropic y su enfoque de "empresa de un solo producto" revela lo mucho que está en juego en lo que ella denominó una "guerra de plataformas". Anthropic, por su parte, lanzó recientemente su modelo Claude Opus 4.7, mientras limita cuidadosamente el acceso a su modelo Mythos, más potente y potencialmente peligroso.
Este telón de fondo de intensa competencia y compromisos de gasto masivos hace que la desaceleración del crecimiento reportada de OpenAI sea particularmente significativa. Sugiere que incluso con tecnología de vanguardia, el camino hacia la rentabilidad está plagado de desafíos, y el enorme coste de mantenerse a la vanguardia del desarrollo de la IA puede no ser sostenible sin un crecimiento constante y exponencial.
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no constituye asesoramiento de inversión.