Una propuesta liderada por Canadá para un nuevo banco de defensa está ganando terreno como una forma de canalizar más de 800.000 millones de euros hacia la base industrial de defensa de Europa, infrafinanciada, desafiando la dependencia del continente de los mecanismos financieros existentes.
"Si alguien piensa que... Europa puede defenderse sin EE. UU., que siga soñando", dijo el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, a los legisladores europeos en enero, subrayando la urgencia de nuevas arquitecturas de seguridad.
El propuesto Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia, o DSRB, complementaría el programa SAFE de la UE de 150.000 millones de euros, con exceso de suscripción, y a un Banco Europeo de Inversiones que cuadruplicó el gasto en defensa hasta los 4.000 millones de euros pero que tiene prohibido por política financiar armamento.
Lo que está en juego es la capacidad de ampliar la cadena de suministro de defensa de Europa, ya que el DSRB garantizaría los préstamos de los bancos comerciales a empresas en fase de crecimiento actualmente consideradas demasiado arriesgadas, una brecha que años de políticas de inversión impulsadas por los criterios ESG han ensanchado.
La propuesta: un banco para la defensa de Europa
El DSRB, una idea desarrollada por el antiguo jefe de innovación de la OTAN, Rob Murray, está diseñado como un banco multilateral propiedad de estados democráticos. Recaudaría capital emitiendo bonos con calificación AAA en los mercados globales, luego prestaría a los gobiernos miembros y, lo que es más importante, garantizaría los préstamos realizados por los bancos comerciales a las empresas de defensa. Al agrupar la solidez crediticia, el banco podría ofrecer préstamos a largo plazo a tipos a los que la mayoría de los miembros individuales de la OTAN no pueden acceder.
Este modelo aborda directamente una debilidad clave del sector de defensa europeo: el acceso al capital para empresas medianas. Estas firmas suelen estar demasiado maduras para el capital de riesgo, pero se consideran demasiado pequeñas o arriesgadas para los préstamos bancarios convencionales, un problema agravado por un sector bancario comercial que se ha retirado de la defensa.
Una historia de dos continentes
Canadá ha surgido como el principal defensor del DSRB, y el primer ministro Mark Carney lo ha convertido en una prioridad. El país ha asumido un papel de liderazgo en la organización de las negociaciones y ya se ha asegurado el apoyo de sus principales bancos.
Por el contrario, las tres economías más grandes de Europa se han mostrado vacilantes. Alemania ha manifestado su preferencia por el programa SAFE existente, aun cuando el Deutsche Bank se ha incorporado como institución socia del DSRB. El Tesoro del Reino Unido cuestionó el valor del banco, una posición disputada públicamente por más de 800 empresas de defensa británicas que se enfrentan a restricciones fiscales.
Francia, que posee la base industrial de defensa más formidable de la UE con firmas como Dassault y Thales, ha permanecido notablemente en silencio. Este silencio diplomático sugiere un debate interno sobre el temor a que unirse a un banco de propiedad parcial pueda diluir su autonomía estratégica, aunque los defensores argumentan que fortalecería su posición al facilitar la entrada de capitales. Los países que se unan al DSRB ahora redactarán sus estatutos, mientras que los que lleguen tarde deberán aceptar los términos redactados por otros.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.