Un potente terremoto frente a la costa de Japón pone bajo escrutinio inmediato el renovado impulso del país por la energía nuclear.
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Un potente terremoto frente a la costa de Japón pone bajo escrutinio inmediato el renovado impulso del país por la energía nuclear.

Un potente terremoto frente a la costa de Japón pone bajo escrutinio inmediato el renovado impulso del país por la energía nuclear.
Un terremoto de magnitud 7.7 sacudió la costa noreste de Japón el sábado, activando alertas de tsunami y obligando a realizar controles de seguridad de emergencia en múltiples centrales nucleares. El sismo, que ocurrió a una profundidad superficial de 20 kilómetros, revivió los recuerdos del desastre de 2011 y supuso una prueba inmediata para las resurgentes ambiciones nucleares de la nación.
"La segunda ola, la tercera ola de un tsunami pueden ser más altas que la primera", dijo Kiyoshi Kuroiwa, funcionario de la Agencia Meteorológica de Japón, en una conferencia de prensa. "Por favor, no se acerquen a la costa hasta que se levante la advertencia".
El fuerte temblor provocó alertas de tsunami por olas de hasta 3 metros en las prefecturas de Iwate y Hokkaido, observándose una ola inicial de 0.8 metros en el puerto de Kuji. El operador Tokyo Electric Power Co. (Tepco) no informó de anomalías inmediatas en sus plantas de Fukushima Daiichi y Daini, escenarios de la fusión de 2011, ni en su instalación de Kashiwazaki-Kariwa recientemente reiniciada. Otros operadores, incluido Tohoku Electric Power, también confirmaron que sus estaciones nucleares de Onagawa e Higashidori estaban estables.
El evento subraya los riesgos geológicos que enfrenta la estrategia de Japón de duplicar la producción de energía nuclear para 2040. Este giro político, impulsado por los volátiles precios del gas natural licuado (GNL) y la creciente demanda de electricidad de los centros de datos, ha llevado al país a comenzar a reiniciar reactores inactivos durante más de una década. El impacto del sismo en la infraestructura, incluida la suspensión del tren bala Tohoku Shinkansen, resalta la vulnerabilidad que sustenta este debate sobre la seguridad energética.
El epicentro del terremoto en la región de Sanriku lo situó cerca de una parte significativa de la infraestructura nuclear de Japón. Aunque los operadores emitieron rápidamente comunicados confirmando la seguridad de sus instalaciones, el evento desencadenó una ansiedad pública generalizada, con medios de comunicación difundiendo mensajes urgentes: "¡Por favor, recuerden el gran terremoto de 2011!".
La atención recayó de inmediato sobre Tepco, la misma empresa de servicios públicos que gestionaba la planta de Fukushima Daiichi durante su catástrofe de 2011. La compañía acababa de poner en operación comercial su reactor Unidad 6 de Kashiwazaki-Kariwa, el primero de sus reactores en reiniciarse desde el desastre. El incidente sirve como una prueba de resistencia en el mundo real para las nuevas medidas de seguridad y el marco regulatorio independiente establecido tras la fusión de 2011, la cual se atribuyó en parte a la falta de independencia regulatoria y a la colusión entre los operadores y los ministerios gubernamentales.
El terremoto del sábado ocurre en una coyuntura crítica para la política energética de Japón. El gobierno ha estado promoviendo agresivamente los reinicios nucleares para garantizar la seguridad energética y cumplir con sus objetivos climáticos de reducir las emisiones en un 46% respecto a los niveles de 2013 para 2030. El país depende de las importaciones para casi toda su energía, y los recientes conflictos geopolíticos han expuesto su vulnerabilidad a las interrupciones del suministro de GNL y a las subidas de precios.
Según la Administración de Información Energética de EE. UU., el reinicio único de la Unidad 6 de Kashiwazaki-Kariwa podría desplazar aproximadamente 1.3 millones de toneladas de GNL anualmente. Con planes para reactivar más de sus 16 reactores inactivos, Japón pretende reducir su exposición a los choques energéticos globales. Sin embargo, la constante amenaza de actividad sísmica complica este cálculo, obligando a los responsables políticos y al público a sopesar los beneficios económicos frente a los persistentes riesgos de seguridad.
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no constituye asesoramiento de inversión.