Los mercados globales reaccionaron al mayor riesgo geopolítico en Oriente Medio después de que la declaración del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 8 de abril, señalara su disposición a reanudar las operaciones militares. Los comentarios agregaron inmediatamente una prima de riesgo al petróleo crudo, con los futuros del Brent subiendo más del 1,5% mientras los operadores descontaban la posibilidad de interrupciones en el suministro debido a un conflicto regional más amplio.
"Lograremos estos objetivos, ya sea mediante un acuerdo o reabriendo la guerra", dijo Netanyahu en una declaración en video publicada el lunes por la noche. Añadió que Israel está "listo para volver al campo de batalla en cualquier momento".
La huida hacia la seguridad fue evidente en todas las clases de activos. El crudo Brent, la referencia internacional del petróleo, cerró por encima de los 90 dólares por barril. Al mismo tiempo, el oro al contado, un activo refugio tradicional, subió hacia un nuevo máximo histórico de más de 2.350 dólares por onza. Por el contrario, los mercados de valores enfrentaron presión, con los futuros del S&P 500 apuntando a una apertura a la baja mientras los inversores abandonaban el riesgo.
El riesgo central para los mercados es una confrontación directa entre Israel e Irán, un importante productor de petróleo. Cualquier interrupción en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente el 20% del petróleo mundial, podría causar un grave choque en los precios del crudo, complicando la lucha global contra la inflación y obligando a los bancos centrales a reconsiderar sus rutas de política monetaria.
El mercado del petróleo en vilo
El mercado petrolero sigue siendo particularmente vulnerable a los choques geopolíticos. La Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEC+) han mantenido recortes de producción para sostener los precios, dejando poca capacidad excedente para absorber una pérdida repentina de suministro. Una escalada que involucre a Irán podría poner en peligro los 3 millones de barriles por día que transitan por el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico que Teherán ha amenazado con cerrar en el pasado. La última gran interrupción en la región, el ataque a Abqaiq-Khurais en 2019, eliminó temporalmente alrededor del 5% del suministro mundial y provocó un aumento del 20% en los precios del petróleo en un solo día.
Implicaciones económicas más amplias
Más allá del petróleo, un conflicto sostenido alimentaría un sentimiento general de "aversión al riesgo", fortaleciendo al dólar estadounidense como moneda refugio y presionando aún más a las economías de los mercados emergentes. El aumento de los precios de la energía actuaría como un impuesto sobre los consumidores, descarrilando potencialmente una frágil recuperación económica mundial. Para los bancos centrales como la Reserva Federal, esto crea un dilema estanflacionario: el aumento de la inflación debido a choques de oferta frente a la ralentización del crecimiento por la incertidumbre geopolítica, lo que hace que las decisiones sobre las tasas de interés sean aún más complejas.
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