En la noche del 9 de abril, el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, emitió una declaración escrita en la que describía un importante cambio de tres puntos en la postura geopolítica de la nación, con un impacto directo en el estratégico Estrecho de Ormuz.
"Se trata de una clara escalada en la retórica que el mercado no puede ignorar", afirmó Caspian Hollis, estratega geopolítico de Enverus, en una nota. "La vinculación explícita del 'frente de resistencia' y el Estrecho de Ormuz aumenta la probabilidad de un error de cálculo que podría afectar los flujos de petróleo".
La declaración, emitida con motivo de los cuarenta días del fallecimiento de su predecesor, plantea tres principios básicos: los agresores deben indemnizar por las pérdidas, la gestión del Estrecho de Ormuz entrará en una nueva fase e Irán considerará ahora a todos los "frentes de resistencia" regionales como una sola entidad unificada. Esto marca una postura más asertiva de Teherán, consolidando varios conflictos regionales bajo un mismo paraguas estratégico.
La declaración introduce una incertidumbre significativa para los mercados energéticos mundiales. Cualquier alteración de la actual administración del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento para más de una quinta parte del suministro mundial de petróleo, podría desencadenar graves interrupciones del suministro. Un escenario de este tipo probablemente provocaría un fuerte aumento de los precios del crudo, lo que alimentaría las presiones inflacionistas mundiales y afectaría a los mercados de renta variable por el temor a una ralentización económica.
La última gran interrupción en el Estrecho de Ormuz en 2019, tras los ataques a las instalaciones de Saudi Aramco, provocó que el crudo Brent subiera casi un 15% en un solo día. Si bien ese repunte fue efímero, la nueva doctrina iraní sugiere una amenaza más persistente. La política de considerar a los aliados regionales como un "todo" implica que un conflicto en una zona podría desencadenar una respuesta en el Estrecho, una arteria vital para el comercio mundial. Este mayor riesgo podría obligar a los transportistas y aseguradores a reevaluar el coste del tránsito, añadiendo una prima de riesgo a cada barril de petróleo que pase por la vía navegable.
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