Varios pisos por encima del parqué de la Bolsa de Valores de Nueva York, un pequeño grupo de clasificadores de café de élite decide qué granos cumplen los estrictos estándares del mercado mundial de materias primas, un proceso que sustenta el comercio de café de 250.000 millones de dólares.
"Su trabajo y sus papilas gustativas anclan el mercado del café", afirmó una fuente familiarizada con las operaciones de la sala de clasificación. Este control de calidad es esencial para los futuros de café que se negocian en el Intercontinental Exchange.
Los clasificadores certificados, conocidos como "Q Graders", catan y califican los granos de café basándose en una rigurosa escala de 100 puntos. Esta puntuación cubre atributos como el aroma, el sabor, la acidez y el cuerpo. Solo los granos que cumplen un umbral de calidad específico pueden ser certificados y negociarse como contratos de futuros.
Este meticuloso proceso de clasificación influye directamente en el precio que los consumidores pagan por el café. El precio de referencia de los futuros, determinado por la calidad de estos granos clasificados, sirve de base para toda la cadena de suministro del café, desde los tostadores hasta las cafeterías. El próximo indicador clave para el mercado del café serán las próximas previsiones de cosecha de Brasil, el mayor productor de café del mundo.
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