El oro abrió significativamente a la baja el lunes, cayendo alrededor de 150 dólares desde el máximo del viernes, después de que una escalada de las tensiones geopolíticas durante el fin de semana resultara en el cierre del Estrecho de Ormuz.
La fuerte caída del oro, un activo refugio tradicional, sugiere una mayor huida hacia el dólar estadounidense como refugio principal para los inversores. Un dólar más fuerte suele presionar los precios del oro al encarecer la materia prima denominada en dólares para los tenedores de otras divisas.
Los acontecimientos del fin de semana revirtieron por completo la acción del precio de la semana anterior. El viernes 17 de abril, el oro había subido hasta un 1,7% hasta unos 4.887 dólares la onza, su nivel más alto desde el 17 de marzo, después de que Irán reabriera brevemente la vía fluvial crítica. Ese movimiento había aliviado las preocupaciones de los inversores sobre un conflicto prolongado y su impacto inflacionario, con la plata subiendo más del 5% hasta los 83 dólares la onza en ese momento.
El nuevo cierre del estrecho, un punto de estrangulamiento para una quinta parte del suministro mundial de petróleo, introduce una volatilidad extrema en los mercados de materias primas. Si bien un cierre prolongado podría interrumpir gravemente el suministro de petróleo y aumentar las expectativas de inflación (un motor típicamente positivo para el oro), la reacción inmediata del mercado ha favorecido al dólar estadounidense. El camino a seguir para el oro sigue siendo complejo, atrapado entre su papel como cobertura contra la inflación y su relación inversa con el dólar.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.