Un severo choque energético está enviando ondas de choque a través de la economía global, obligando a los economistas a recortar drásticamente los pronósticos de crecimiento y despertando el espectro de la estanflación al estilo de la década de 1970. A partir del 5 de abril de 2026, las estimaciones de consenso para el crecimiento del PIB mundial se han revisado a la baja en 2 puntos porcentuales para el próximo año, ya que el aumento en los precios de la energía sofoca la actividad económica y alimenta una nueva ola de inflación.
"Estamos en un entorno estanflacionario de libro de texto, como no hemos visto en décadas", dijo un economista senior de una importante institución financiera. "El choque energético es una restricción por el lado de la oferta que los bancos centrales no pueden solucionar fácilmente con la política monetaria. Están entre la espada y la pared".
El impacto se ha sentido en todas las clases de activos. Los mercados de renta variable se han visto particularmente afectados, con el índice MSCI All-Country World cayendo un 15% desde el comienzo del año. El potencial de caída de los beneficios corporativos y del gasto de los consumidores ha creado un sentimiento bajista. En contraste, los bonos de algunos países latinoamericanos han visto entradas de capital, ya que los inversores buscan rendimiento y un refugio frente a la agitación en los mercados desarrollados.
La pregunta crítica ahora es cómo responderán los bancos centrales. Una postura agresiva para combatir la inflación podría frenar aún más el crecimiento económico y desencadenar una recesión global. Por el contrario, un giro moderado para apoyar el crecimiento podría afianzar la inflación y desanclar las expectativas inflacionarias. Los próximos meses serán una prueba crucial para los responsables de la formulación de políticas mientras navegan por este traicionero panorama económico. La última vez que la economía mundial enfrentó un choque inflacionario impulsado por la energía similar en la década de 1970, condujo a un período prolongado de malestar económico.
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