Un nuevo informe advierte que uno de cada seis empleos en la fabricación de automóviles en Alemania podría desaparecer para 2035, lo que indica un período de desindustrialización dolorosa para la economía más grande de Europa.
El sector automotriz de Alemania, que durante mucho tiempo ha sido el motor de su destreza económica, proyecta eliminar otros 125.000 empleos para 2035, según un sombrío nuevo informe de la VDA, la asociación de la industria automotriz del país. El pronóstico llega después de que el sector ya haya perdido 100.000 empleos desde 2019, alertando al gobierno de que su núcleo industrial está en riesgo.
"La lista de desafíos continúa", afirma el informe de la VDA, citando "altos impuestos y gravámenes, energía costosa, altos costos laborales, burocracia excesiva" como motores clave del declive. La asociación advierte que el mandato de la Unión Europea de prohibir los nuevos coches con motor de combustión para 2035 pone en peligro por sí solo más de 50.000 de esos empleos.
Las presiones internas se ven agravadas por una formidable amenaza externa. Un informe del Centre for European Reform (CER) señala que el desequilibrio comercial de Alemania con China aumentó a 94.000 millones de dólares a medida que su déficit se duplicó entre 2024 y 2025. Este "Choque de China 2.0", advierte el CER, corre el riesgo de repetir el vaciamiento de las ciudades manufactureras estadounidenses de hace dos décadas.
Lo que está en juego es lo que el propio gobierno alemán describe como “con diferencia el sector industrial más importante” del país. La combinación de costos de políticas autoinfligidos y competencia extranjera dirigida ha creado lo que el CER llama el "dolor fantasma" de un miembro amputado: "Ese miembro que falta es la demanda de exportación, cortada por la profunda presión de China sobre la base industrial de Alemania".
Choque de China 2.0
El informe del CER, titulado “China Shock 2.0: el coste de la complacencia de Alemania”, sostiene que Berlín ha dudado en diagnosticar el problema. Señala un proyecto de política específico de Pekín llamado “10.000 pequeños gigantes” que apunta directamente al Mittelstand de Alemania: el ecosistema de pequeñas y medianas empresas industriales que forman la columna vertebral de su economía.
El grupo de expertos atribuye el creciente desequilibrio a tres factores: una demanda interna debilitada en China, un yuan potencialmente infravalorado hasta en un 30 por ciento frente al euro, y una política industrial dirigida por el Estado que apunta implacablemente a las industrias principales de Alemania. El informe insta a Berlín a apoyar los esfuerzos en el FMI y el G7 para enfrentar el modelo comercial de China antes de que la desindustrialización sea irreversible.
Mandatos de VE y altos costos
El impulso de la UE hacia los vehículos eléctricos es un catalizador principal para la pérdida de empleos. Si bien Berlín y otros gobiernos presionaron con éxito para obtener una directiva de VE suavizada en diciembre de 2025 para permitir los motores tradicionales por más tiempo, la dirección regulatoria más amplia permanece. Los VE son menos complejos y requieren menos trabajadores para ensamblar, una transición con la que otros fabricantes de automóviles tradicionales también están luchando. La japonesa Honda, por ejemplo, registró recientemente su primera pérdida operativa en casi 70 años después de que las amortizaciones relacionadas con los VE totalizaran 9.900 millones de dólares, forzando un giro de vuelta hacia los vehículos híbridos.
La situación ha dejado a los gigantes automotrices alemanes con opciones dolorosas. El CEO de Volkswagen, Oliver Blume, ha discutido abiertamente la conversión de partes de la fábrica infrautilizada de Osnabrück de la compañía para producir vehículos militares para el sistema Cúpula de Hierro de Israel, un indicador crudo de exceso de capacidad en su negocio principal. Las mismas fábricas también están siendo vigiladas por competidores chinos como Xpeng, que está en conversaciones con VW sobre la adquisición de una planta en Europa. Esto sucede mientras los precios de la energía industrial en Alemania son ahora aproximadamente el doble de lo que pagan los fabricantes estadounidenses, según análisis recientes, y el país ocupa un pésimo puesto 30 de 38 países de la OCDE en competitividad de impuestos corporativos.
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