Los principales institutos económicos de Alemania recortaron el miércoles su pronóstico de crecimiento para 2026 a más de la mitad, situándolo en solo el 0,6%, advirtiendo que un choque en los precios de la energía derivado de la guerra en Irán está descarrilando la recuperación de la nación. El pronóstico conjunto, inferior a la estimación del 1,3% de septiembre, refleja el grave impacto del aumento de los costes energéticos en la mayor economía de Europa y está obligando a una drástica reevaluación de la política de abandono de la energía nuclear de Alemania, que ya dura una década.
"Este choque de precios energéticos está golpeando a una economía alemana en la que la recuperación se inició el año pasado tras una recesión de varios años", afirmó Timo Wollmershäuser, experto del instituto Ifo con sede en Múnich. Señaló que el choque "frenará esta recuperación en Alemania, pero no debería detenerla por completo", apuntando al gasto gubernamental previsto en defensa e infraestructuras como un factor estabilizador.
La rebaja se produce tras un repunte de más del 60 por ciento en los precios del gas natural europeo desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio, lo que a su vez ha alimentado una inflación más amplia. La tasa de inflación anual en la zona euro de 21 naciones se aceleró hasta el 2,5 por ciento en marzo, impulsada por un aumento del 4,9 por ciento en los precios de la energía. Los institutos también recortaron su previsión de crecimiento para 2027 para Alemania al 0,9 por ciento, frente al 1,4 por ciento anterior.
La crisis está exponiendo las consecuencias de la decisión de Alemania tras Fukushima de abandonar la energía nuclear, una política que ha dejado a su sector industrial con una fuerte dependencia del gas natural. La presión ha llevado a altos cargos a señalar un giro importante en la política; el canciller Friedrich Merz ha calificado el abandono nuclear de "gran error estratégico" y la ministra de Economía, Katherina Reiche, ha pedido una reflexión nacional.
Un "error estratégico"
La crisis energética ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades de la estrategia energética de Alemania. Aunque el país invirtió fuertemente en energías renovables, dependía de las plantas de gas para proporcionar una energía de carga base estable, una dependencia que se convirtió en una debilidad crítica tras la pérdida del gas ruso por gasoducto y la actual agitación en el Estrecho de Ormuz. El resultado es una marcada disparidad de precios con sus vecinos; los futuros de electricidad alemanes para mayo cotizan a cuatro veces el precio de los de Francia, que depende de la energía nuclear.
"Puedes decidir no estar interesado, y entonces te aferras al gas y te vuelves más y más dependiente de una sola fuente de energía", dijo la ministra de Economía Reiche en una entrevista con el Financial Times, argumentando que Alemania no puede permanecer ajena a un renacimiento nuclear que está ocurriendo en otros lugares de Europa. Aunque descarta reiniciar las plantas cerradas, el gobierno apoya ahora la investigación en nuevas tecnologías como los reactores modulares pequeños (SMR) y se ha comprometido a poner fin a su oposición a la energía nuclear a nivel de la UE.
Europa se moviliza para responder
En toda Europa, los gobiernos se apresuran a aplicar medidas para proteger a los consumidores y las empresas del choque de precios. Polonia ha aplicado precios máximos temporales a los combustibles y recortes fiscales. Austria también va a reducir los impuestos sobre el combustible, mientras que Suecia propone impuestos más bajos para la gasolina y el diésel y ya ha reducido a la mitad el impuesto sobre el valor añadido de los alimentos.
Las intervenciones generalizadas se producen después de que el comisario de energía de la UE advirtiera esta semana que es poco probable que los precios del petróleo y el gas vuelvan pronto a los niveles anteriores a la guerra, incluso si se encuentra una solución rápida al conflicto. El pronóstico de los institutos económicos asume que el Estrecho de Ormuz volverá a ser transitable en el segundo trimestre, lo que permitirá que los precios de la energía bajen a partir del verano, pero señala que no alcanzarán el nivel de preguerra. Para Alemania, el mensaje es claro: la crisis energética no es solo un viento en contra temporal, sino un desafío estructural que exige un cambio de política fundamental.
Este artículo tiene fines meramente informativos y no constituye asesoramiento en materia de inversión.