La tecnología de ascensores, pieza fundamental del desarrollo urbano durante casi 200 años, está superando los límites verticales con innovaciones que podrían permitir que las cabinas se muevan horizontalmente, lo que transformaría potencialmente los paisajes urbanos y los edificios. Mientras que los avances actuales se centran en la eficiencia y la integración digital, las empresas exploran sistemas de levitación magnética (maglev) que podrían conectar distritos urbanos enteros, convirtiendo los ascensores de un servicio básico en una red de transporte central.
"Aún queda mucho por venir", afirma Neil Green, director digital de Otis Worldwide, la empresa fundada por el inventor del freno de seguridad para ascensores Elisha Otis y que ahora es uno de los mayores fabricantes de ascensores junto a competidores como Kone y TK Elevator.
La industria ha desplazado en gran medida su enfoque de la velocidad pura —que puede causar molestias a los pasajeros a más de 40 km/h (25 mph)— hacia una aceleración más suave, la eficiencia energética y sistemas de despacho inteligentes. Los ascensores modernos utilizan software y sensores para predecir el tráfico, posicionar las cabinas para reducir los tiempos de espera y permitir el mantenimiento preventivo. La integración con robots autónomos para entregas dentro de los edificios también se está convirtiendo en una realidad en hoteles y hospitales.
La industria mundial del ascensor genera más de 80.000 millones de dólares al año y mueve a cientos de millones de personas cada día. Para los inversores, el valor a largo plazo reside en la evolución de la tecnología. Empresas como Kone están instalando cables compuestos de fibra de carbono en la Torre Jeddah de Arabia Saudí, diseñada para ser el edificio más alto del mundo, para superar las limitaciones de peso de los cables de acero en un solo trayecto ininterrumpido. Esta tecnología abre la puerta a estructuras aún más altas y a diseños arquitectónicos más ambiciosos.
Del vapor al Maglev
La trayectoria del ascensor comenzó con máquinas de vapor y cuerdas de cáñamo, pero la introducción del freno de seguridad de Elisha Otis en 1853 convirtió el transporte vertical en una opción viable y segura. Los avances posteriores, como los motores eléctricos, los cables de acero y los contrapesos a principios del siglo XX, hicieron prácticos los rascacielos, concentrando la mano de obra en núcleos urbanos densos. En la década de 1970, los controles automáticos dejaron obsoletos a los ascensoristas, lo que aumentó la eficiencia y redujo los costes laborales para los propietarios de los edificios.
El futuro es horizontal
De cara al futuro, el cambio más significativo podría venir de la tecnología maglev. La empresa italiana Ironlev es pionera en el uso de la levitación magnética, que ya se utiliza en algunas líneas de tren de alta velocidad, para crear sistemas de ascensores sin fricción, silenciosos y sin desgaste. Aunque las aplicaciones actuales siguen utilizando huecos tradicionales, el verdadero potencial de la tecnología reside en liberarse de ellos por completo.
En teoría, los sistemas maglev podrían permitir que las cabinas de los ascensores se muevan tanto vertical como horizontalmente, conectando edificios y campus enteros. Esto permitiría a los arquitectos diseñar estructuras interconectadas donde el movimiento fluye a través de todo un complejo, no solo de arriba abajo en una única torre. "Si se puede conectar el transporte vertical con el horizontal, los edificios dejan de ser estáticos", afirma Luca Cesaretti, cofundador de Ironlev. "Pasan a formar parte de un sistema de circulación flexible". Este cambio podría alterar fundamentalmente el diseño de los edificios y la planificación urbana, creando ciudades más integradas y accesibles.
Este artículo tiene fines meramente informativos y no constituye asesoramiento en materia de inversión.