Un artículo de opinión en The Wall Street Journal postula que la grave crisis humanitaria y los apagones rotativos en Cuba son el resultado directo de los propios fracasos económicos del régimen, no del embargo estadounidense. El editorial del 13 de abril califica la reciente liberación de 2.010 prisioneros como un esfuerzo de relaciones públicas para desviar la culpa y ganarse el favor internacional.
"Al bloquear la energía a los hospitales de Cuba, Estados Unidos es culpable de cometer un grave abuso de los derechos humanos", escribió el representante Jim McGovern (D., Mass.) en X, una afirmación que el editorial refuta enérgicamente. La pieza atribuye los fallos eléctricos a una red anticuada que requiere una inversión estimada de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares, citando al experto en energía cubana de la Universidad de Texas, Jorge Piñón.
El artículo detalla una nación en colapso, donde industrias de exportación antes prósperas como el azúcar y el tabaco no logran satisfacer la demanda interna. Señala que, si bien a menudo se culpa al embargo estadounidense, Cuba puede comprar actualmente alimentos, medicinas y materiales de construcción de EE. UU. con efectivo. El problema central, sostiene el editorial, es la escasez de divisas agravada por la disminución de las dádivas de antiguos aliados como la Unión Soviética y Venezuela. Las remesas de los cubanos en el extranjero se describen como el principal salvavidas que evita que muchas familias caigan en una privación aún mayor.
El quid de la cuestión es la batalla por la opinión internacional, que podría moldear la futura política estadounidense. Según se informa, el gobierno cubano está explorando un acuerdo de ayuda a cambio de concesiones políticas, pero su represión simultánea de la disidencia sugiere que no está dispuesto a renunciar al poder. La liberación de prisioneros no políticos, excluyendo a aproximadamente 1.200 presos de conciencia, se presenta como un movimiento calculado para mejorar su imagen mientras la situación económica se deteriora, lo que aumenta el riesgo de malestar social.
Una liberación calculada
Días antes de Pascua, el gobierno cubano anunció la liberación de 2.010 reclusos, una medida que retrató como un acto de misericordia. Sin embargo, los criterios de liberación excluyeron a los encarcelados por "delitos contra la autoridad", que abarca aproximadamente a 1.200 prisioneros políticos. Entre los que aún están encarcelados se encuentran unas 700 personas arrestadas por participar en las protestas en toda la isla el 11 de julio de 2021. El editorial sostiene que esta clemencia selectiva es una maniobra publicitaria diseñada para generar buena voluntad mientras el régimen intensifica la represión y los esfuerzos de propaganda.
El juego de las culpas
La pieza confronta directamente la narrativa de que la política estadounidense es la causa del sufrimiento de Cuba. Rechaza las afirmaciones de figuras como el representante McGovern, quien durante mucho tiempo ha abogado por normalizar las relaciones con la dictadura. La autora, Mary Anastasia O'Grady, sostiene que el embargo estadounidense se ha "diluido" significativamente y ya no es el principal obstáculo para la prosperidad de la isla. Según el experto en energía citado, Jorge Piñón, el verdadero culpable es una red eléctrica decrépita que necesita una revisión completa, incluida la construcción de nuevas plantas de energía en terrenos no contaminados, un proyecto de varios años y miles de millones de dólares. "No hay una solución a corto plazo", afirmó Piñón.
Ruina económica y un camino a seguir
El artículo pinta un panorama sombrío de la economía de Cuba: campos agrícolas estériles, manufactura diezmada y un sector turístico en dificultades. Según se informa, la libreta de racionamiento mensual del gobierno suministra alimentos para menos de dos semanas. El Tesoro de EE. UU. ha otorgado algunas concesiones, emitiendo licencias en febrero para que entidades no gubernamentales importen combustible, y Rusia ha comenzado recientemente a enviar cargamentos de petróleo. Aun así, el editorial concluye que estas son soluciones menores para un problema sistémico causado por décadas de mala gestión, dejando a la nación dependiente de su exportación más confiable: su propia gente.
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