La economía de China mostró nuevos signos de una fuerte desaceleración, ya que la inversión en activos fijos se contrajo un 1,6% en los primeros cuatro meses del año, un cambio radical que aumenta la presión sobre Pekín para incrementar los estímulos.
"La inesperada contracción de la inversión es una señal clara de que la demanda interna está flaqueando, especialmente a medida que se profundiza la crisis inmobiliaria", afirmó David Powell, economista sénior de la región. "Esto pone los objetivos de crecimiento del gobierno en grave riesgo sin una respuesta política más contundente".
El descenso desde el crecimiento del 1,7% registrado en el primer trimestre fue inesperado. La debilidad fue generalizada, y otros datos clave también resultaron inferiores a lo previsto. El crecimiento de las ventas minoristas se ralentizó hasta su nivel más bajo desde 2022, según la Oficina Nacional de Estadística, mientras que la producción industrial también incumplió las previsiones.
Los datos desafían la capacidad de Pekín para cumplir su objetivo de crecimiento anual de alrededor del 5%. La profundización de la crisis inmobiliaria sigue siendo el principal lastre, y las cifras débiles aumentan la probabilidad de que el Banco Popular de China (PBoC) se vea obligado a recortar los tipos de interés o el coeficiente de reservas obligatorias (RRR) en los próximos meses para espolear el crecimiento.
El retroceso de la inversión en activos fijos, un motor clave del crecimiento económico de China, fue impulsado principalmente por una crisis persistente y profunda en el mercado inmobiliario. La inversión inmobiliaria lleva contrayéndose más de un año, y los últimos datos muestran que el desplome se está acelerando, lo que tiene un efecto desalentador en industrias relacionadas, desde materiales de construcción hasta electrodomésticos.
Los débiles datos presionaron de inmediato a los mercados financieros chinos. El yuan offshore (CNH) se debilitó frente al dólar, y el índice CSI 300 de acciones continentales cotizó a la baja mientras los inversores descontaban el impacto de una economía más lenta en los beneficios corporativos. El índice Hang Seng de Hong Kong también sintió la presión.
Los mercados globales observan la desaceleración con preocupación. Un enfriamiento de la economía china suele traducirse en una menor demanda de materias primas industriales como el mineral de hierro y el cobre, lo que podría afectar a mineras y exportadores desde Australia hasta Brasil. Los datos también complican las perspectivas de las multinacionales que dependen de China para una parte importante de sus ventas. Todas las miradas están puestas ahora en el PBoC y el Politburó en busca de señales de un paquete de estímulo más agresivo para estabilizar el crecimiento.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.