El Ministerio de Relaciones Exteriores de China rechazó una nueva amenaza arancelaria, afirmando claramente que "no hay ganadores en una guerra arancelaria".
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El Ministerio de Relaciones Exteriores de China rechazó una nueva amenaza arancelaria, afirmando claramente que "no hay ganadores en una guerra arancelaria".

La respuesta de Pekín se produjo después de que el expresidente Donald Trump amenazara con aplicar un arancel del 50 por ciento a todos los bienes de cualquier país que se descubra que suministra armas militares a Irán. La amenaza, publicada en su plataforma Truth Social, inyecta una nueva incertidumbre en las relaciones comerciales globales justo cuando comienza un frágil alto el fuego de dos semanas con Irán.
"La posición de China es muy clara", dijo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, en una conferencia de prensa regular en respuesta a la amenaza. "No hay ganadores en una guerra arancelaria".
La publicación de Trump declaró que se aplicaría un arancel del "50%, con efecto inmediato" a "todos y cada uno de los bienes vendidos a los Estados Unidos de América" por un país que suministre armas militares a Irán, con "sin exclusiones ni exenciones". La amenaza pone sobre aviso a grandes proveedores como Rusia y China, pero su validez legal no está clara después de que la Corte Suprema limitara la autoridad del presidente para imponer tales aranceles de manera unilateral.
La escalada amenaza con desestabilizar los mercados globales, desencadenando potencialmente ventas masivas y una huida hacia activos refugio como el oro y los bonos gubernamentales. El riesgo principal se centra en las corporaciones multinacionales y los sectores logísticos que soportarían los costos inmediatos de una interrupción a gran escala en las cadenas de suministro.
Aunque Trump utilizó frecuentemente los aranceles como herramienta de política exterior durante su primer mandato, su principal justificación legal, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977, fue significativamente limitada por un fallo de la Corte Suprema en febrero. Esto deja caminos más engorrosos y legalmente polémicos para imponer nuevos aranceles.
Una alternativa podría ser la Sección 338 de la Ley de Aranceles de 1930, que permite aranceles de hasta el 50 por ciento. Sin embargo, esto se usa típicamente para contrarrestar prácticas discriminatorias contra los bienes estadounidenses, lo que lo convierte en un estiramiento legal para penalizar las ventas de armas a un tercer país. Según un informe de Politico, una investigación previa sobre las prácticas comerciales de China podría ofrecer una base legal más duradera, aunque específica, para los aranceles contra Pekín.
La amenaza arancelaria complica una delicada situación geopolítica. Se produce poco después de que Trump anunciara un alto el fuego de dos semanas con Irán, una medida destinada a desescalar un conflicto más amplio en el Medio Oriente. China, que suministra a Irán artículos de doble uso como drones y componentes de misiles, es un objetivo principal de la amenaza arancelaria.
La medida también podría poner en peligro una cumbre planificada entre Trump y el líder chino Xi Jinping, destinada a suavizar las continuas fricciones comerciales. La respuesta directa y concisa de Pekín señala su oposición a escalar las disputas comerciales a través de aranceles punitivos, enfatizando la preferencia por la negociación sobre el conflicto económico.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.