El reciente impulso del primer ministro chino, Li Qiang, para construir un "mercado nacional unificado" señala un esfuerzo importante para fortalecer la economía del país contra la fragmentación interna y las presiones externas, una medida que podría remodelar la competencia global al crear una base industrial aún más formidable. La iniciativa, analizada en una reciente reunión ejecutiva del Consejo de Estado, tiene como objetivo desmantelar el proteccionismo regional y estandarizar las regulaciones para impulsar la circulación interna.
"El problema no es que las empresas chinas estén compitiendo agresivamente. Es que las reglas de la competencia en sí mismas han cambiado", escribió el veterano asesor Ram Charan en su libro, El modelo del 90% de China. "Las empresas ya no compiten de firma a firma. Compiten de sistema a sistema".
La directiva política llega en un momento en que las cifras comerciales de China muestran un panorama complejo. En los primeros cuatro meses de 2026, las exportaciones aumentaron un 11,3 por ciento interanual, pero un salto del 20 por ciento en las importaciones sugiere una estructura de demanda interna robusta y cambiante, según datos de aduanas. Esta consolidación del mercado interno es la base de lo que Charan describe como el "Modelo del 90%", donde China desarrolla capacidad para satisfacer la gran mayoría de la demanda mundial en sectores clave, obteniendo así el control sobre los precios y las cadenas de suministro.
Lo que está en juego es la capacidad de China para crear un motor económico autosuficiente que sea menos vulnerable a los vientos en contra geopolíticos y a las disputas comerciales. Al crear un mercado interno sin fisuras, Pekín aspira a reducir costos, mejorar la eficiencia y fomentar campeones nacionales que puedan competir a escala global, y se espera que pronto se finalicen y publiquen más detalles sobre la política.
El 'Modelo del 90%' como plan maestro
El concepto de un mercado unificado es la base interna de la asertiva estrategia global de China. En sectores que van desde paneles solares y vehículos eléctricos hasta ingredientes farmacéuticos, las empresas chinas han aprovechado el apoyo estatal y la escala masiva para dominar los mercados globales. Según el análisis de Charan, esta es una estrategia deliberada de décadas donde la escala misma se convierte en un arma competitiva principal.
Al derribar las barreras internas restantes, como las diversas regulaciones locales y los cuellos de botella logísticos, el Consejo de Estado pretende desbloquear nuevas eficiencias. Esto permitiría a las empresas tratar a los 1.400 millones de consumidores de China como un mercado único e integrado, permitiendo la producción y distribución a una escala y un costo que a los competidores extranjeros les resultaría casi imposible igualar. El objetivo es transformar capacidades fragmentadas en un todo integrado e imbatible.
Superar la fricción interna
A pesar de la directiva de arriba hacia abajo, la implementación enfrenta obstáculos significativos. La política aborda problemas de larga data de proteccionismo regional, donde los gobiernos locales a menudo favorecen a las empresas locales, creando ineficiencias que han plagado la economía nacional durante décadas. Como ha argumentado públicamente Charan, la India debe "aplastar la burocracia" para competir, una observación que se aplica igualmente a las propias reformas internas de China.
El éxito del mercado unificado depende de la capacidad de Pekín para imponer reglas estandarizadas en provincias poderosas y superar los intereses locales creados. La falta de detalles específicos y un cronograma claro de la reunión del Consejo de Estado genera incertidumbre sobre cómo se logrará esto. Sin embargo, el impulso de alto nivel del primer ministro Li indica una voluntad política renovada para abordar estos problemas estructurales profundamente arraigados.
Implicaciones globales y rechazo del G7
La consolidación interna de China se produce en un entorno global tenso. Un nuevo impulso de algunos funcionarios del G7 para presionar a China por los "desequilibrios comerciales" y la "sobrecapacidad" industrial resalta la creciente ansiedad de Occidente. El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha abogado por más protecciones contra lo que él llama "una avalancha de exportaciones chinas baratas".
Sin embargo, esta visión no se comparte universalmente dentro del G7. El ministro de Finanzas francés, Roland Lescure, señaló que el sobreconsumo en EE. UU. y la falta de inversión en Europa también son factores contribuyentes. Esta división puede obstaculizar una respuesta coordinada del G7, pero la narrativa de la estrategia económica de China como una amenaza está ganando terreno. El impulso del mercado unificado de Pekín puede verse como un movimiento defensivo para aumentar la resiliencia, pero es probable que los críticos lo vean como una estrategia ofensiva para cimentar aún más su dominio en la manufactura global.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.