Aranceles de EE. UU. impulsan a Canadá a duplicar exportaciones no estadounidenses en una década
El Primer Ministro canadiense, Mark Carney, viajará a China la próxima semana, marcando la primera visita de este tipo en casi una década. Este acercamiento diplomático es una respuesta directa a la presión económica de los altos aranceles de la administración Trump de EE. UU. sobre productos clave como el acero, el aluminio y los automóviles. Frente a este proteccionismo comercial, el gobierno de Carney está persiguiendo activamente una estrategia para duplicar su cuota de exportaciones a mercados no estadounidenses en los próximos diez años, con el objetivo de fortalecer la economía canadiense contra la volatilidad de su vecino del sur.
Este pivote estratégico posiciona a China, el segundo socio comercial más grande de Canadá, como un componente crítico de sus esfuerzos de diversificación. La visita tiene la intención de reparar una relación bilateral que se había enfriado y establecer una asociación económica más estable. Ottawa busca que China absorba más de sus exportaciones y mitigue el impacto de las barreras comerciales de EE. UU.
Exportaciones récord de petróleo señalan una profundización de la asociación energética
La cooperación en energía y agricultura es central para el renovado impulso diplomático. El sector energético de Canadá ya ha demostrado el potencial de este pivote, con la reciente expansión del oleoducto Trans Mountain, que llevó las exportaciones de petróleo a China a niveles récord. Este desarrollo proporciona una prueba de concepto tangible para la estrategia de Canadá de encontrar nuevos mercados para sus vastos recursos naturales.
A pesar de los claros incentivos económicos, la relación sigue siendo compleja. El impulso positivo de la decisión de China en noviembre pasado de reanudar el turismo de grupo a Canadá se ve atenuado por las disputas comerciales en curso. Los dos países todavía están navegando por las consecuencias de medidas de represalia anteriores, como los impuestos propuestos por Canadá a los vehículos eléctricos chinos y los propios aranceles de Beijing sobre la colza canadiense, lo que subraya los desafíos que se avecinan para forjar una asociación más profunda.